martes, 15 de enero de 2013

Beatriz Maggi: "con el trueno por debajo"


Mi docencia y mis ensayos (toda mi vida profesional) han estado inspirados en el Dictum de Dickinson (...), y en el empeño de que mis estudiantes se abrasen en él:
Una palabra muere

Al ser pronunciada

Dicen algunos 

Yo digo justamente

Que comienza a vivir
Ese día.  

(E.D. Trad. de B. Maggi)
B. Maggi 


Beatriz Maggi (Las Tunas, 1924) es una de las voces intelectuales más importantes del siglo XX e inicios del XXI en Cuba. Entre sus estudios figuran los análisis sobre la obra de Homero, Emily Dickinson, Shakespeare, Rimbaud, Balzac, Dostoievski, Stendhal, entre otros. 

Pero hoy quiero rescatar un texto que la Dra. Maggi escribió como prólogo a El ojo milenario de Lina de Feria, una de las pocas figuras cubanas que ha estudiado esta gran ensayista y profesora universitaria. 

El pequeño libro de solo 33 páginas fue publicado por Ediciones Sed de Belleza en Santa Clara y mereció el premio de la crítica en 1996, apenas dos años después de ser inaugurada dicha casa editora. 

A la aventura editorial de un equipo liderado por René Coyra y Julio Mitjans, iniciada en 1994 en una provincia del centro de la isla debemos agradecer la conjunción fascinante y terrible de estas dos grandes mujeres de la cultura cubana. 

Al verso ciclópeo y catártico de Lina está indisolublemente unida la mirada certera y desconcertante de la Dra. Maggi. Leamos:


La vieja tremenda, Virginia Woolf, esa bruja eximia, solía decir que debemos leer poesía en el momento en que estamos casi a punto de escribirla. Pero HABEMOS, sí, ¡habemos! (pues es indispensable incluirnos) muchos que nunca estamos “casi a punto” de escribirla a no ser que “casi a punto” designe un estado permanente, una condición que no progresa. ¿Qué hacer entonces? Sin embargo, después que leemos poesía (la buena, la verdadera, la que lo es) quedamos casi a punto, porque nos tantaliza, nos sobreviene, y nos impregna de ella; acelera e imprime energía al metabolismo entre nosotros y el mundo. Durante este estado sí podemos envalentonarnos y escribir, no poesía, pero sí un prólogo-umbral. 
Lo primero que pienso es que debe escribirse sobre ELOJO MILENARIO en estado de ignorancia: no saber quién es Lina de Feria, no conocer qué representa para nuestra literatura cubana contemporánea; el prestigio nacional e internacional que posee; no conocer sus textos anteriores. Sino situarse de golpe y porrazo ante EL OJO MILENARIO. Sobrevienen un trance y un convivio de todos los “casi a punto”. 
Sus encabalgamientos, sus minúsculas, su escasa puntuación, sus metáforas eslabonadas - novísimas, todas de mundos tan remotos entre sí- sus imágenes gigantescas, suntuosas y nada pretenciosas al mismo tiempo, queda todo eso para el estudioso, mientras éste por su parte, no por serlo se ve privado de lo que sí nos llega, a los “casi a punto”, los transidos (lo que no excluye a los estudiosos). Para leer EL OJO MILENARIO tampoco son imprescindibles los códigos contemporáneos de lectura; tan sólo dejarse llevar por el enrarecido texto. Una muy digna de respeto ausencia de sensualidad y una maestría increíble en la alusión velada, una presencia trágica, (pero sin aullidos estridentes) de Tierra Baldía. El intelecto trabaja febrilmente como hormiga hacendosa y trajinante; pero apenas se entera uno, pues “no carga” con sus arreos habituales, impresionantes y ostentosos. 
La impugnación al escamoteo no se presenta en escuadrones de pensamientos ni en alaridos de fauces de fieras, sino a través de la disolución o desvaimiento de todo lo sólido; la espiritualización y desmaterialización son totales: las esquinas no tienen lados; la memoria recuerda siglos, la patria está ahí, pero no es obvia; la vida no es un fuego que se apagó. La emoción está pensada, el pensamiento no aparenta serlo. La palabra rehúsa su oropel y sin embargo, aquí se da un buen número de versos inmortales, citables, antologables que uno desearía que fueran propios. Es a su manera , veinte poemas de amor, una canción desesperada. Y el número 20 me gusta más que ese otro, famoso, 20. 
Para quedar transidos “casi a punto” con el arte depurado, flor de madurez, de Lina de Feria en EL OJO MILENARIO hay que lanzarse, como quería la Barret Browning “tremendamente alma por delante” sobre el texto y toparemos con la fusión indisoluble de pensamiento y emoción. En la orilla, la encrespada ola se desploma desde su altísima cresta sobre la cuenca cóncava cavada por una experiencia intensa de las aguas de su vida, los ríos del propio país y del mundo, del existir individual, el cósmico, el histórico y los sucesivos derrumbes y escamoteos. Lanzada nuestra mirada sobre el texto con la misma temeridad que la poeta sobre el estrago y la experiencia espriritualizada, la misma con que la cresta de la ola sacia el hueco, vórtice voraz, arribaremos a la superficie serena, silenciosa, lamedora, experta, producida por el apaciguamiento. Con el trueno por debajo.
Tomado de: Lina de Feria. El ojo milenario. Ediciones Sed de Belleza, Santa Clara, 1995, 33 pp.





No hay comentarios:

Publicar un comentario