viernes, 18 de enero de 2013

DE FÉLIX A SOIOMERLINUS





La máquina del laboratorio de computación de la Facultad de Artes y Letras que se llamaba "Paris" era, por derecho y por defecto, de Félix Ernesto Chávez. Sentado en ella se le veía con frecuencia, incluso después de graduado. Allí, a mi lado, el día que nos conocimos (una lejana tarde de septiembre de 2001), me escribió este soneto:



A SOIOMERLINUS

La infinita impaciencia se consume.
Poder decir así, que un día
en el instante de tu compañía
pueda encontrar lo que el silencio asume,

silencio sin remedio desbordado
al instante de luz que ya no vuelve,
como un asombro donde se resuelve
otro instante de luz desesperado.

Un golpe justo se me va en los dedos,
una inocencia que no se ha escondido
o alguna sutileza tras el puente.

No sé si hay paz o luz, o si mis dedos
sostienen la belleza, o si perdido
empiezo a resistir inútilmente.


El título del poema parte de mi dirección de correo en aquel tiempo: soiomerlinus@yahoo.es. Años después, en un comentario suyo del 9 de mayo de 2010 en este blog, Félix mismo me recordaría ese soneto:

"Acabo de leer, de golpe, las dos entradas, la de tu cumpleaños y esta. Deberías escribir más en tu blog. Los veintiocho años son una maravilla, ya verás (ya conoces mi relación tan estrecha con ese número, debe ser por ello que fue una edad mágica para mí porque me sentí invitado nuevamente al mundo). Ambos textos me recuerdan a esa canción que tanto te gustaba en la universidad, "La novia que nunca tuve", ¿te acuerdas? (Y a un poema que anda por ahí, llamado "A Soiomerlinus". El otro día me tropecé con él.)"

Hoy vuelvo a leer con el peso de la ausencia, la nostalgia y el tiempo.



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