martes, 4 de diciembre de 2012

SONETO








SONETO

Otoño me ha besado en las mejillas.
Labios grises que son peces oscuros
devoran lentos este rostro mudo.

Otoño está sin voz, va de rodillas.


De hojas secas, de cal lleva los dedos.
Deslízase paisaje creado en mí
y suspiro en lo suave, lo sutil
de verle gravitar, carne en mi pecho.

Triste copla, fragmento de algún tiempo,
estación hecha luz, respiración
torpe de revivir en ese verbo


que aprehende mis muslos, su intención
de ser nostalgia eterna aquí, en mi sexo,
de, con el suyo, atropellar mi voz.

YC (2003)

Tomado de: Otoño me ha besado. Ed. Loynaz, Pinar del Río, 2003.



Poesía que en el yo encuentra justificación para llegar al otro, que en la otredad también halla su reflejo. Imprecisa a veces, ingenua y adolescente, estos son los primeros textos que me vincularon con la literatura de manera consciente, escritos entre los 18 y 20  años. He intentado distanciarme de este libro, he querido satanizarlo, y cada vez que vuelvo me reconcilio, comprendo a ese otro que fui, al muchacho que encontró en Grecia, la Biblia y su entorno insular el camino hacia la palabra y la profecía.


YC



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