lunes, 24 de diciembre de 2012

"Confesiones de un Legionario" de Alberto Lauro




La belleza es insolente. Y soberbia.
Droga a la que no puedo sustraerme.
Jóvenes, disfrutad de ella
Y no escuchen consejos.
Cuando los oigan como Ulises taponen sus oídos
Con cera y barro ante cantos de sirenas.
Lo que dicen los ancianos es un edificio
Cimentado sobre el desencanto.
Día tras día el tiempo labra
El cuerpo que se desgasta como
Perdidas palabras.
Que sólo el deseo guarde la memoria
Cuando el silencio del sepulcro
Se abra como fauces de la muerte.
Si les dicen que esperen, no oigan:
Corran a los ríos, desvístanse en los bosques,
Desnudos jueguen con las olas de las playas,
Al fresco de los genitales que se despiertan
Y excitan en las vigilias. Fui Legionario.
Y supe de la tentación del respirar
De otro, junto a esas manos que se escurren
Como sierpes en la noche, buscando consuelo
Que el alba borrará.

Tomado de: Alberto Lauro. Hijo de mortales. Ediciones Vitruvio, Madrid, 2011, p. 14.


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