viernes, 5 de octubre de 2012

S/T



Astianacte ha muerto.
Hermoso se ve su cuerpo inmóvil
sobre el escudo de Héctor.
Sus manos vírgenes
parecen de carne plateada.
En cualquier momento
podria despertar,
montar en mi carro...
Pero ha muerto.
Los troyanos lo acarician en el viento.
Las mujeres dicen adiós desde sus naves.
No reinará ya en Troya
ni en sus murallas tendrá reposo.
Ya parten las cautivas hijas de Ilión,
ciudad ceniza
ahogada en fuego y sangre.
A lo lejos, traído por el mar
se escuchan las notas de un treno.

YC, 2003

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