miércoles, 10 de octubre de 2012

Milena Rodríguez, la escritura desde el otro lado



La poesía de Milena Rodríguez sobresale en medio del panorama literario cubano actual, porque alcanza consistencia desde una base morfosintáctica simple y profunda al mismo tiempo. En medio de la aparente sencillez y de las palabras comunes de la autora, pronunciadas desde un seguro sosiego, sus textos inquietan, deslumbran, sobresaltan.

Horaciana en el decir y en la escritura, Milena Rodríguez logra el equilibrio que pocos poetas cubanos han conseguido. Habla desde el otro lado, a punto de ser cosificada, relegada al fogón, al silencio; sin embargo, invierte el punzón y con parsimonia hace arder las palabras, las purifica, las despoja de toda hojarasca; la sincera desnudez y la aparente indefensión son los mejores instrumentos de su obra, al menos en su cuaderno El otro lado. La autora, de ese modo, logra hacer del anonimato (como Dickinson) un arma, una virtud estética.

Los vocablos, el entorno, los cuerpos, los objetos tienen un lugar exacto dentro de su cosmovisión, el discurso da también una precisión espacial a los referentes externos que trata. Desde esa exactitud que solo da la experiencia, llega su voz sin desespero, sosegada, sin asomo de histeria. Milena Rodríguez logra hacer de la limitación, de la marginación genérica un habitáculo, una amplia sala, angular, geométrica, equilibrada.

Con sus poemas la autora supera la pretendida y afectada profundidad filosófica de Marcelo Morales, la gris y eterna gravitación de Leymen Pérez; sus textos a veces recuerdan algunos versos de Damaris Calderón, sin alcanzar la cruel neutralidad de esta, sin ser apocalíptica e infernal. Con precisión, la poeta encuadra, regula y dosifica la tensa languidez de algunos textos líricos del joven Antonio Cardentey.

Dentro de la literatura de la isla en el presente, su poesía dialoga también con los mejores y más depurados poemas de Leonardo Sarría, sin tener tan potenciada la evidente vocación culturalista y libresca de este. Por su diálogo diáfano con la realidad, por su relación franca con el entorno, con la tradición, con la vida en general, Milena Rodríguez es uno de los mejores poetas cubanos contemporáneos.

Sencillez, precisión, economía, belleza, moderación. No abusa de las referencias culturales, de la intertextualidad, ni de la acrobacia lingüística, experimental. No le hace falta. No obstante, el sutil y agudo protagonismo del lenguaje, la resemantización y el análisis metalingüístico en sus textos, así como su plasticidad merecen una atención y una exégesis más detenida. Sin llegar al (a veces) crudo coloquialismo de Szymborska, se nos hace cercana, familiar, visceral. Con palabras escritas en leves tonos, aparentemente inofensiva, Milena Rodríguez derrumba muros, desajusta conceptos, reescribe,  penetra, atraviesa el umbral con su voz, desde el otro lado.

La autora, no obstante, reconoce que sus otros libros de poesía “son muy diferentes a éste, que se titula, también, El otro lado, porque quería escribir "de otro modo", con ese sosiego que dices. Los otros dos libros, sobre todo el segundo, Alicia en el País de Lo Ya Visto, es un libro del grito y éste quise que fuera lo contrario, de voz baja; aquel era de un "fememino" marcado y éste también al revés, lo femenino no quería que se viera; aquel del yo, de los poemas en primera persona; éste al contrario, sin apenas yo, o muy difuso; El otro lado es también mejor, más maduro, creo.” La difuminación de la primera persona, dispersa, oculta o multiplicada en el lienzo se aprecia en:

Autorretrato sin mí

Soy yo esta humilde gente
que en el grabado antiguo
se sienta ante la mesa
vacía, pero limpia,
a rumiar un milagro
que llevarse a los ojos.
Un milagro que encienda,
que convoque más luces
que aquellas de los panes y los peces.


Con la misma sencillez y modestia de sus mejores versos, Milena Rodríguez responde a las preguntas de Nombras las cosas

YC: Teniendo como padre a un poeta, a un teórico de la poesía, ¿viste la necesidad de huir de la literatura? ¿Cómo fue tu reconciliación con la poiesis, con la creación?

MR: En realidad estudié Psicología porque era una de mis dos opciones al terminar el Pre Universitario; el año en que terminé el Pre la carrera de Letras no abrió y esa circunstancia decidió por mí. Aunque es cierto que convertirme, en la Facultad de Artes y Letras de La Habana, en la hija de mi padre, muy conocido poeta y profesor en sus aulas, era algo que me producía cierta inquietud, temía que ese hecho pesara demasiado. Después me di cuenta de que la Psicología, al menos la que se estudiaba en la Universidad habanera en los 90, no era lo que yo había imaginado; pero entonces encontré el Psicoanálisis fuera de la Facultad y eso me abrió nuevas y más interesantes perspectivas. Luego, tuve la posibilidad de hacer un Doctorado en España y elegí el tema de Psicoanálisis y Literatura, dentro de una Facultad de Letras; fue un modo de reunir mis dos intereses vocacionales. Debo aclararte, sin embargo, que nunca huí de la poesía; escribía poemas desde que era adolescente, y lo seguí haciendo. Y los trabajos que preparé en Cuba relacionados con el Psicoanálisis, dentro del Grupo de Estudios Psicoanalíticos de La Habana, del que fui miembro desde 1990 y hasta que salí de Cuba en el 97, eran muchos sobre Literatura.

Arte poética

Escribir es un modo
de mantener silencio,
silencio de los ojos y la boca,
de timidez, o miedo.

Escribir, quién lo duda,
puede ser la manera
de seguir sin ser algo:
allá abajo, pequeños,
perdidos en el fondo del papel.

YC: Como estudiosa de la poesía femenina hispanoamericana, ¿cuáles son los nombres que consideras fundamentales?

MR: Es una pregunta en la que podría extenderme; la lista es larga. Mencionaré algunos nombres: Sor Juana, por supuesto, el primer poeta hispanoamericano (así lo decía Octavio Paz, y me gusta repetirlo utilizando el masculino, para subrayar su importancia), Gertrudis Gómez de Avellaneda, una de las primeras transatlánticas en nuestra lengua; las llamadas por Federico de Onís "poetisas postmodernistas": Delmira Agustini, Gabriela Mistral, Alfonsina Storni, Juana de Ibarbourou, y, después, los grandes nombres del siglo XX: Fina García Marruz, Blanca Varela, Alejandra Pizarnik, Olga Orozco... Podría seguir hasta etapas más cercanas, pero prefiero quedarme ahí.

Mujer con luna por dentro

No hay hombres.
Los hombres se esfumaron
por el túnel del tiempo.

No hay hijos.
Los hijos crecieron
más allá de sus brazos.

No hay afuera.
Afuera es una calle
desierta y sin salida.

Pero ella sigue en pie,
alumbrándose, alumbrando.
Sola,
mujer que sabe
que la luna es un hueco,
un vacío donde alguien
pone luz.

YC: En tu artículo sobre poetas “transatlánticas” de 2009, declaras que los poetas emigrantes, como las mujeres, son marginados o asimilados sin hacer referencia a su condición de emigrantes, ¿cuánto ha cambiado esa visión dentro del ámbito académico y poético hispánico en los últimos tres años?

MR: En el artículo que mencionas, me refiero a las circunstancias concretas de los poetas hispanoamericanos (fundamentalmente las mujeres, pero no sólo) en España, que es el espacio territorial que mejor conozco y del que puedo hablar. Sí, hablo de la marginación o, en ciertos casos, de la asimilación que no tiene en cuenta los matices, las peculiaridades o las diferencias. Y no creo que hayan cambiado mucho las cosas en 3 años ni en el ámbito académico ni en el literario-poético; al menos, esa es mi percepción.

Nadas del otro mundo

Escribimos la Nada con mayúscula.
Con esta misma letra,
¿cómo escribir las nadas?

Pequeñitas, vulgares,
no caben en el Uno,
no se trasciende en ellas,
no nos dejan siquiera
la Sublime Ilusión del Gran Hastío.

Engañosas, las nadas
juegan a ser Misterio.
Y cuando ya creemos
habitar Otro Mundo,
en éste nos asfixian.

YC: La cotidianidad cubana y el lenguaje sencillo (tal como lo pedía Horacio) tienen un gran y peculiar protagonismo en tu poesía, ¿lo has pretendido así?

MR: La cotidianidad, no sólo cubana, está presente en mis poemas. Sí, ha sido un propósito, aunque no me interesa la cotidianidad sin más, intento buscar lo extraño de lo cotidiano, o extrañar la cotidianidad, si es que puede decirse así; en cuanto al lenguaje sencillo, pues digamos que me es, en cierto modo, familiar; prefiero lo sencillo a lo muy rebuscado, aunque es difícil encontrar el modo de decir sencillamente en poesía, sin caer en lo simple, en lo bobo, en lo banal; digamos que lo intento. Sin que esto signifique que haya renunciado a explorar otros modos de decir.

Ángulo recto

El grito es nada:
letras alargadas en el viento.
Una palabra apenas
que parece que sube,
y cae como una piedra sobre el suelo.

Debajo del paraguas

Allí van, protegidos,
del brazo de la infancia, su nodriza.
Es hermoso el paseo,
con olor a violetas,
a jazmín, a geranios.
Pero el viaje es muy corto.
Acaba de repente,
como todos los viajes,
en la calle más ancha.
Esa,
en la que quedan solos,
lejos de su niñez,
al otro lado.

YC: ¿Te has sentido marginada en tu condición de extranjera, mujer, exiliada o emigrante alguna vez?

MR: Sí, a veces me he sentido marginada por esas circunstancias y, mucho más a menudo, más que marginada, fuera de sitio, de lugar. Aunque te aclaro que yo no soy exactamente una exiliada, al menos no físicamente: puedo entrar y salir de Cuba.

Pero, para ser sincera, debo decir que esas mismas circunstancias también me han hecho sentir, a veces, privilegiada. Del mismo modo en que ellas no son buena compañía para, por ejemplo, un determinado Premio literario, pueden serlo, sin embargo, para una interesante lectura de poemas: te llaman de un lugar para tener allí, leyendo poemas, a alguien que es mujer y, además, extranjera, de otro lado. Marginación, entonces, y, al mismo tiempo, privilegio; según para qué. Lectura VS. Premio/Reconocimiento. A veces, las primeras dan alegrías que no dan los segundos.

Página con hombre viviendo

Satisfecho, a sus anchas,
hay un hombre viviendo en esta página:
el blanco del papel lo abriga entero,
el tic-tac de su vida dan las letras.

Sí, alguien vive
radiante en esta página,
ignorando la mano
que decide su suerte.
La mano que ahora mismo
lo convierte en palabras,
dispone su no ser al otro lado.

Postal cubista

Aquí está mi cabeza,
dispuesta hacia el no-ser,
junto a las otras.
Multitud de cabezas
que alguien pone,
alineadas, en fila,
a recoger el agua que se filtra del techo,
que cae, sin cesar, de la gotera.
Aquí está, de cabeza, mi cabeza:
dejando de pensar en compañía.



NOTA: Los poemas que aparecen en la entrevista-artículo han sido tomados de: Milena Rodríguez Gutiérrez. El otro lado. Editorial Renacimiento, Sevilla, 2006.

1 comentario:

  1. En su justo lugar la poesía de Marcelo Morales. Es bueno saber que no soy el único que piensa así. Lo mejor que he leído de poesía joven cubana de los últimos años: Matrioshka, David del 2008. Ah, un respeto para la poesía de Dolores Labarcena: buenos quilates.

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