sábado, 19 de mayo de 2012

POEMA CI DE CATULO: LA ODISEA INVERSA



Cayo Valerio Catulo, después de su viaje a Bitinia, va a Troya, en busca de la tumba de su hermano. Su viaje es contrario al de Eneas y al de Odiseo, su regreso a los antepasados, al pueblo del que nació la estirpe romana no es nada esperanzador. Si Eneas huye de la muerte en Ilión para fundar una nueva patria, Catulo va a enfrentar la muerte misma de un ser muy querido. Si Odiseo vuelve a una casa llena de vida, a conquistar lo que le pertenece, Catulo  navega hacia el polvo mudo en que está disperso el cuerpo de su hermano, el cual le ha sido arrancado.

Ya en los poemas LXV, LXVIIIa y LXVIIIb Catulo se refiere con mucha pasión y mucho dolor a la pérdida de su hermano. Pero en CI su sentimiento es contenido, su dolor es parco. El primer verso recuerda el comienzo de la Odisea, pero a diferencia del héroe homérico, el poeta latino solo encuentra tristeza y cenizas en su viaje. Derrama lágrimas, le rinde las honras fúnebres, lo saluda y se despide. 

La sinceridad del padecimiento catuliano está en su estilo tácito, es solemne y a la vez directo. La concisión y la sobriedad en estos versos hieren. Mientras más calla Catulo, mientras más abrevia, más genuino es en su sentimiento. El ser humano, nos recuerda el poeta con su proceder, tiende al mutismo cuando verdaderamente ama. Sus silencios forman parte de esta elegía. Si pensando en Lesbia escribe "Odi et amo", esta vez la antítesis está en un saludo que también será despedida: "ave adque vale".

 CATULI CARMEN CI

Multas per gentes et multa per aequora vectus
advenio has miseras, frater, ad inferias,
ut te postremo donarem munere mortis
et mutam nequiquam alloquerer cinerem.
quandoquidem fortuna mihi tete abstulit ipsum.
heu miser indigne frater adempte mihi,
nunc tamen interea haec, prisco quae more parentum
tradita sunt tristi munere ad inferias,
accipe fraterno multum manantia fletu,
atque in perpetuum, frater, ave atque vale.
  

POEMA CI DE CATULO

Por muchos pueblos y por muchas aguas llevado,
vengo, hermano, a estas miserables profundidades,
para honrarte con el último oficio fúnebre
y hablar inútilmente a tu muda ceniza,
puesto que el destino te alejó de mí,
¡ah! infeliz hermano, injustamente arrancado de mí;
ahora, sin embargo, acepta esta ofrenda, que por antigua costumbre 
es lanzada a las profundidades en tu triste oficio,
mojada en llanto fraterno, enormemente,
y para siempre, hermano, hola y adiós. 

Traducción: Yoandy Cabrera

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