jueves, 26 de enero de 2012

ESPEJO, PAISAJE ESCRITO PUNTADA A PUNTADA




El repetidísimo tópico anacreóntico de la amada que hace avergonzar a las mismas divinidades por su belleza inigualable es trabajado y se recrea de una forma novedosa en uno de los sonetos más hermosos de la poesía colonial cubana. Uno de los poetas que conforma la tríada fundacional de los Manueles, esta vez Manuel Justo de Rubalcava (1769-1805), contemporáneo de Zequeira, pero de Santiago de Cuba escribe el soneto “A Nise bordando un ramillete”. 

La diosa que se le acerca a la muchacha es Flora, y no se siente retada esta vez por la belleza de Nise, sino por la perfección de su obra, del bordado. Ya no se trata de la pastora amada que supera a Venus con sus dotes naturales. Ahora es el artificio, la obra de arte, el bordado que Nise hace con sus manos el que llega a competir con la naturaleza misma, con las capacidades divinas. Nise le gana esta vez a Flora, es Aracné victoriosa, vindicada. Penélope que no espera a nadie, solo crea.

El poeta, en contra de los postulados dieciochescos sobre la imitación de la naturaleza en la literatura, afirma que la obra de arte es capaz de perpetuar lo que en la "realidad" es pasajero y efímero. La primavera se irá, el paisaje se hará gris, pero el bordado de Nise estará intacto y colorido. Sorprende que a finales del siglo XVIII un poeta cubano defienda estas ideas a través de un tópico anacreóntico, que parecería una versión más sobre dicho motivo, pero que está proponiendo la superioridad y autonomía del arte con respecto a su modelo. Dentro de las discusiones sobre la imitatio, esta, que parte de un tema del anacreontismo europeo, es una propuesta interesante y novedosa. 

Rubalcava evidencia una clara convicción artística en estos versos y proclama, desde una perspectiva inesperada para su tiempo, la capacidad demiúrgica de las manos de una mujer; el poeta muestra el manto tejido como espejo de la belleza, la prolongación del logos en los nudos de la seda, en el paisaje escrito puntada a puntada por esta pastora insular. 

Mientras la Anacreontea griega y en general la tradición anacreóntica anterior y posterior al santiaguero (Meléndez Valdés, Iglesias de la Casa, Zequeira, Varona, Luaces, Plácido) describen y celebran la hermosura de la mujer, de su cuerpo como "areté", como única arma a destacar (recuérdese la anacreóntica XXIV sobre los dones de la naturaleza a los animales y a los hombres), Rubalcava se detiene en su labor, en su faena artística, íntima, doméstica y a la vez trascendente, se enfoca en la ductilidad, ligereza y habilidad de sus dedos. 

No es su cuerpo lo que alaba, no es su cuerpo lo que admira y describe, sino el paisaje que en sus manos alcanza vida y perdurabilidad, sino la seda y sus formas sostenidas por Nise  "que aprendiendo entre [s]us dedos a ser rosas/ viven sin marchitarse eternamente." 

En estos versos la mujer deja de valer solo por sus atributos físicos y vale también por sus acciones, por su obra, por su creación. Deja de ser objeto admirado y se vuelve sujeto admirable. Pasa de ser bien creada a crear bien.  

sábado, 14 de enero de 2012

LINA DE FERIA: DEL ÁRBOL TRUNCO AL DIBUJO ESTELAR*







“…la única libertad por que muero…”
Luis Cernuda

Suelen algunos jóvenes asiduos al verso citar a esta mujer, enunciar su versículo o renglón lapidario, epigramático, como isla torcida que se cose a otras hasta encontrar imágenes recién estrenadas, archipiélago de señales. Su poesía con frecuencia tiene un modo tan absoluto de enunciación que asusta (“digo que al infierno hay que llevarlo dentro”1) y recuerda la manera tan asidua en que Martí generalizaba. A veces se descubre en sus textos un empeño por definirlo todo, por “nombrar” como modo de posesión y entendimiento, lo que le confiere a su obra un sentido agónico, de imposible, al que todo creador se enfrenta cuando pretende transformar lo vivido o pensado en hecho artístico, lo “incorpóreo” en “objeto tangible”.

Confieso que me acerqué a su obra como ejercicio académico y que es tarea fatigosa querer desentrañar, hendir el sentido oscuro de sus textos. Ni siquiera descubro con frecuencia en su poesía el modo de escritura que suele cautivarme y, sin embargo, en varias ocasiones algún poema suyo me ha convocado a un diálogo muy íntimo. Pero el crítico (y aquí soy categórico como Lina o Martí), más allá de su gusto personal, ha de tener el discernimiento necesario para diferenciar entre lo que se relaciona directamente con su sensibilidad y lo que tiene la calidad necesaria para que se reconozca, aunque no coincida con sus preferencias.

La memoria ha sido, puedo asegurar, el móvil más constante en la obra poética de Lina de Feria. En su última entrega, Absolución del amor2, queda confirmada esta idea. El tema amoroso no suele ser muy abundante en sus libros publicados, aunque casi siempre aparecen algunos poemas que refieren una pretérita pasión concerniente, de manera directa, al sujeto lírico, o a otro. En Absolución…, Eros se desliza como sierpe continua; el verso se adelgaza y encabalga con más fluidez, sin que se noten las costuras entre una imagen y otra, de manera semejante a El libro de los equívocos, donde es evidente la mayor ilación sintáctica y semántica, quiero decir de modo expreso y tangible en el texto, distinto de aquel estilo pindárico que impera en cuadernos como El ojo milenario. También en A mansalva de los años, libro que vio la luz después de veinte años de silencio editorial, se puede entrever el estilo diáfano y la concepción del amor como fuerza liberadora que caracteriza a Absolución del amor, pero no con la insistencia, emancipación y naturalidad que consigue en este último. Solo el tiempo, monstruo al cual venera, le ha permitido a la autora mirarse con la precisión que la distancia otorga, y ahora puede desplazarse en el pasado con la seguridad que le negaba la cercanía de los acontecimientos en Casa que no existía3, donde tanteaba el futuro, lo probable o se disolvía en segundas y terceras personas.

Cuando algunas de las voces más reconocidas de la creación poética femenina en el país tienden a abordar la maternidad o lo cotidiano en el contenido y en la forma predomina el texto cada vez más narrativo4, Absolución…opta por versos cortos y por recordar la pubertad, las experiencias eróticas en la edad temprana. Lina mira a la juventud, a la inocencia.

El poemario se divide en dos secciones: “Poemas del ayer” y “Poemas del presente”, pero en una y otra ella recuerda con satisfacción y con empeño, recupera vivencias que no había podido abordar con el sosiego y la franqueza con que lo hace aquí. No se detiene a describirnos el presente, sus cotidianas frustraciones. Eso queda al margen, solo se descubre en las citas de Wordsworth y Martí que encabezan, de manera respectiva, cada sección; o en unos pocos fragmentos, sobre todo en la segunda parte, cuando reconoce, por ejemplo, no saber “hasta dónde/ podré ver en el hoy/ el ayer de tus ojos”5. Me parece que no es solo “la gran puerta… para la resignación”6 que predecía cuando pensaba en su vejez lo que encontramos en Absolución…, por el disfrute parece ser más; aunque se puede alegar en contra que no es remedio para la frustración del presente permanecer recordando el pasado; sin embargo, como propuesta literaria me parece sólida (mucho más como contraste frente a la obra anterior de la poetisa), y si, por un lado, existen algunas alusiones al “hoy” como espacio para la desilusión, esto no impide que los textos vayan conformando en su lectura una especie de residencia arcádica y abran en la memoria un “locus amoenus”.

En Casa…, que mereció el premio David en 1967, el yo enunciante se detiene más en el prójimo que en sí mismo, con los primeros textos crea una galería de personajes familiares que el tiempo conduce a una destrucción paulatina. En los intentos de realización, estos encuentran la muerte, el lento desfallecer. La vida resulta una parsimoniosa destrucción: la concertista que (aunque “diferente”) se hunde en el piano, el hombre que construye su torre de silencio y soledad. Toda verticalidad lleva a una “no realización”, al desgaste. En oposición a esto, surgen veinte poemas que componen Absolución…donde la verticalidad sí permite al sujeto lírico sentirse realizado y se relaciona con la satisfacción y la plenitud del deseo. La armonía que logra se refleja hasta en la equilibrada división de diez poemas en una parte y diez en otra. Ahora no se detiene tanto en la otredad como en sí misma, no cuenta amores ajenos sino los suyos. Si en Casa… apuntaba al futuro, a la vejez venidera y descubrimos a saltos un tono profético, en Absolución… potencia el recuerdo de la niñez y del amor de juventud como si lo viviera nuevamente.

Su primer poemario7 viene a significar la pérdida de toda identidad; del espacio íntimo, familiar, estable. Es una especie de expulsión del paraíso. Desde entonces emprende un largo peregrinar, el éxodo, una búsqueda incesante (testimoniada por su obra poética) de la estabilidad y el sitio propios. Del otro lado está este último poemario publicado en 2005, que podría interpretarse como “el hallazgo” y ofrece al yo poético quietud y altura, esperanza fundada hacia atrás, en el pasado. Al ver frustrado todo intento de encontrar en el futuro o presente el equilibrio necesario o “su” lugar, la autora emprende un “nostos” dentro de sí misma, regresa, por medio de la evocación, a los momentos en que fue feliz, los selecciona, los reúne, los escribe y los enseña.

En otros poemarios hay un contraste entre la decadencia del tiempo sobre las cosas y la invulnerabilidad del recuerdo en la mente del sujeto lírico o de la raza humana (Heráclito afuera- Parménides dentro): “se vuelve a la casa donde nada permanece/ donde ya son otros el techo el jardín/ el olor de mi infancia que no tuve/ se ha quedado sobre el patio”8. Algo evidente tanto en Casa… como en sus demás cuadernos: ella ha pretendido con frecuencia crecer “hacia atrás/ como si las vías por las que anduve/ hubieran tergiversado la historia con fin menos triste”9, aunque no con muy buenos resultados.

El ojo milenario10 es otro ejemplo de la búsqueda incesante en el recuerdo y el tiempo acumulado; la poetisa crea analogías entre el pasado universal y el presente. Con un ojo recorre los milenios, los pasea, une los hechos con imágenes vertiginosas, yuxtapuestas, insólitas. Pero se lee un hondo pesimismo, un ser recortado que lucha por crecer y queda en el intento. La posesión de la verdad lleva a la ruina, como le sucedió a Laocoonte; la vida mutilada desea alcanzar el cielo, pretensión imposible: “el árbol trunco aspira a la memoria/ y empapela su tronco de hojarasca/ donde quepan historias y ciudades/ pero nadie tropieza/ con el cielo mortal que lo aquejumbra”11. Solo la verdad del amor le ha permitido al sujeto lírico crecer, tener estancias prolongadas en las alturas, entre los astros; y esto es lo que nos enseña Lina en Absolución…

Absolución del amor alcanza la verticalidad y la plenitud que en anteriores poemarios quedaban solo en el área de lo imposible. Lina, después de tantear otros caminos, libera el deseo y enfrenta, gustosa, todo peligro; queda mirando al “tú” que la acompaña; limita un espacio íntimo, anulante, cercano. No es la primera vez que ella habla desde un sujeto lírico que se marca en el discurso a veces como masculino y alterna con la voz femenina, esto es parte de su modus operandi y lo encontramos en el primer poema de Casa... Pero ahora su cántico al amor sáfico es desprejuiciado, espontáneo, suave, libre como la sintaxis.

Se advertía ya en “amantes de azoteas y andamios”12 (de un modo más pesimista13) un campo léxico-semántico que se enriquece en Absolución…; este se relaciona con la altura y alude al deleite y a la felicidad: castillo, palacio, azotea, planetillos, cometas, luna, estrellas, soles, arcoiris; el cual se une, junto al oro, a la idea de luminiscencia y colorido, dado también a través de imágenes plásticas. La niñez y el nacimiento apuntan a la etapa adolescente, idealizada; con esto se relaciona la navidad (ecosistema de la esperanza) y la estrella de Belén. La pasión juvenil se traduce en ocasiones en imágenes muy inocentes y en elementos miniaturizados (a lo rococó), que encarnan la torpeza y la ingenuidad propias de la adolescencia, y hacen más vívido el recuerdo. La autora no construye en cada verso una imagen que siga a otra y a otra, como en anteriores cuadernos; ahora las escoge, las prolonga, extiende, las demora junto al tiempo, no ya vertiginoso, sino detenido “como si los amaneceres/ nunca fueran a llegar”14. No obstante, las asociaciones siguen siendo insólitas. La sintaxis abunda en subordinaciones, especie de onda o espiral en que la imagen se esparce (vertiente que desde Casa… utiliza). También se mantienen algunos de los temas más caros a la escritora: el tiempo, la memoria (con menos pesimismo), o imágenes que recorren todos sus libros: la verticalidad, el mar, el árbol. Además, siguen las peculiares referencias a las manifestaciones artísticas: el cine, Vivaldi, Chopin, Coleridge, Wordsworth, Velázquez, Van Gogh…

En Absolución… recordar no es don oscuro ni castigo. Es regresar, dialogar, hallar compañía. Lina logra con este poemario convertir el árbol trunco en mapa estelar. Su vuelo es el contrario al de Altazor: Lina crece hacia atrás y hacia arriba, a la génesis, y se mueve entre los astros, libre (aunque reconozca desde el presente que “la felicidad/ tiene siempre un infortunio/ de desenlace”15 y sin dejar de caminar por el Prado o de describir a un mendigo). Lo que para la mujer de Lot fue destrucción, caída, inmovilidad para ella es vida ascendente y crecimiento. Una vez más corre el riesgo de mirar hacia donde los demás no. Su vuelo es el del Ícaro que Delfín Prats nos describe en “Para celebrar el ascenso de Ícaro”, o, mejor aun, al que ella misma aspira cuando habla de una fuga “llena de un misterio de un Ícaro para el que morir en la belleza no es morir”16. Lina entiende que solo la verdad del amor ha permitido al yo poético acceder a las alturas. Por eso apuesta y nos invita a que (“como quien echa/ por primera vez/ un bote a la mar”17) transitemos “por donde el amor/ continúa hallando/ el aliento imborrable…”18


1 Lina de Feria. El libro de los equívocos. Ed. Unión, La Habana, 2001, p. 30.
2 Lina de Feria. Absolución del amor. Ed. Unión, La Habana, 2005.
3 Este poemario puede consultarse en: El rostro equidistante. Ed. Oriente, Stgo de Cuba, 2001.
4 Esto se puede confirmar en Las altas horas de Teresa Melo, El cabaret de la existencia de Aymara Aymerich, Otras cartas a Milena de Reina María Rodríguez, La sucesión de Caridad Atencio, Parábolas de Cira Andrés.
5 “Poemas del presente”, “II”, en: Absolución del amor. Ed. Unión, La Habana, 2005, p. 37.
6 “cuando mi vejez detenga el tiempo…”, en: El rostro equidistante. Ed. Oriente, Stgo de cuba, 2001, p. 21.
7 Me refiero a Casa que no existía, citado anteriormente.
8 “La parentela” VII, en:Idem, p. 13.
9 “acostándose dentro”, en: A mansalva de los años. Ed. Unión, La Habana, 1990, p. 121.
10 El ojo milenario. Ed. Sed de Belleza, Santa Clara, 1995.
11 “XVII”, en:Idem, p. 29.
12 En: A la llegada del delfín. Ed. Unión, 1998, p. 43.
13 Digo pesimista porque en el poema citado hay referencias a la destrucción de la cúpula cristiana (a la cual se le llama “símbolo de la muerte de sacerdotes faraónicos y bíblicos”) y los monjes “fenecen como el roce instantáneo de la tarde”. De este modo se crea un contraste entre la caducidad de la religión y el deleite emancipado de los amantes, pero este goce parece ser efímero, porque existen (aunque sean olvidados frente al ser amado) “viajes descendientes”, y hay un regreso a la tierra, al tedio, a la tristeza en los últimos versos, lo que indica una pérdida de la altura, cosa esta que no sucede en Absolución del amor.
14 “Poemas del ayer”, “I”, en: Absolución del amor. Ed. Unión, La Habana, 2005, p. 11.
15 “Idem”, “VI”, en: Idem, p. 22.
16 “cuando el polvo llega a los espejos”, en: A mansalva de los años. Ed. Unión, La Habana, 1990, p. 109.
17 “Poemas del ayer”, “VII”, en: Absolución del amor, Ed. Unión, La Habana, 2005, p. 25.
18 “Poemas del presente”, “IX”, en: Idem, p. 50.



*ESTE ARTÍCULO FUE PUBLICADO EN LA REVISTA DÉDALO DE LA AHS (oct.-nov., 2007). A ÉL DEBO EL INICIO DE MI AMISTAD CON LINA DE FERIA. LUEGO VENDRÍAN LOS PASEOS POR 23 Y POR G EN LAS TARDES HABANERAS, LAS PELÍCULAS DE PAUL NEWMAN EN LA CINEMATECA, LAS CONVERSACIONES SOBRE PLOTINO, LAS TARDES EN SU CASA DE LÍNEA, SU FE EN MÍ, SU ALMA SIEMPRE SORPRENDIDA, SIEMPRE JOVEN, SIEMPRE AL LÍMITE. HOY COMPARTO MI TEXTO COMO HOMENAJE A ESA GRAN POETA, A ESA GRAN MUJER.