Como clausura del I
Encuentro de Jóvenes Investigadores en Filología Clásica celebrado
entre el 28 y el 29 de noviembre de 2011 en la Universidad Autónoma
de Madrid, se presentó en la Sala de Conferencias de la Facultad de
Filosofía y Letras de dicha institución el número 8,
correspondiente a noviembre de 2011, de Hermes. Revista del mundo clásico. La ocasión también
fue propicia para celebrar el segundo aniversario de esta publicación digital estudiantil.
Quiero
saludar, desde este sitio, la iniciativa que lidera Raquel Fornieles
junto a un equipo de redacción entusiasta y volcado de lleno en el proyecto. Este no pretende solo el análisis y la exégesis académica,
aunque de ello tiene, sino que está movido por el propósito de informar
sobre el quehacer y las resonancias del mundo antiguo en nuestro
presente; sobre las conexiones culturales, sociales y
contemporáneas entre lo académico y lo mediático, entre el salón
de clases y el palco de un teatro, el escenario, el cine o el espacio
urbanístico y geográfico que habitamos. Hermes tiene una vocación polítropa y multiculturalista y una gran inclinación hacia los estudios comparados. Nada humano le es ajeno, por lo que es también terenciana.
Entrevistas
a directores, actores, arqueólogos, especialistas; crónicas y
reportajes sobre exposiciones, puestas en escena o sobre viajes por ciudades como
Mérida o Roma, y artículos sobre personajes, artes plásticas, asociaciones o libros: todo siempre relacionado con la antigüedad, pero no
circunscrito solo al mundo grecolatino, sino teniendo en cuenta las culturas oriental, asiática, egipcia, mesoamericana, moderna y
haciendo las asociaciones posibles con el mundo contemporáneo.
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| Logotipo de la publicación |
La
revista no se publica, al menos todavía, en papel. Puede ser
consultada, libremente accesible, en la página del Departamento de Filología Clásica de la UAM. Su diseño ha ido adquiriendo mayor
consistencia, sobriedad, y le auguro y le deseo que esa ganancia en
la forma, en el soporte, en la imagen vaya en aumento, pues mucho más
puede lograrse en cuanto a formato. Por lo pronto, cuenta ya con un logotipo sugerente,
apropiado y oportuno, y la primera tipografía de los titulares, demasiado
relajada e informal antes, ha ganado en sobriedad y elegancia en este último número.
Hacer
del conocimiento adquirido en clases y de las horas de estudio en las
bibliotecas algo más que unas notas releídas o guardadas en los
cuadernos, archivadas, repasadas por los discípulos para el examen
de turno; activar el diálogo, la difusión, la interacción del saber con el mundo más inmediato; desempolvar con desenfado y
hacer zoom sobre algún pasaje o cierto personaje histórico que
sirva como hilo conductor de otros artículos; dinamizar y hacer del conocimiento pálpito inquietante; crear un puente entre
la erudición y la existencia, entre la historia y el futuro,
esos son algunos de los valores que se pueden destacar de la joven publicación universitaria, hija de estos tiempos, que desde
este espejo profuso y babélico que es internet, informa, por ejemplo,
sobre los manuscritos bíblicos que milagrosamente podemos consultar
hoy dando clic en el link correspondiente.
Hermes
es una revista que indica dónde leer, ir, encontrar. Más que
enjuiciar o valorar, muestra e informa, lo cual no quiere decir que
no haya un juicio de valor en sus textos o que en la propia elección
de sus contenidos no podamos hallar criterio estético y de
selección. Pero ese no es su principal objetivo. Este mensajero
olímpico, psicopompo, quiere conformar con sus propuestas una
especie de Acueducto de los Milagros que una con sus arcos historia y
palabras en las que podamos reconocernos, por las que podamos
transitar libremente. Y esa es la sensación que da al leerla:
libertad, cercanía, desenfado, placer, utilidad, diálogo.
Como
en Mérida (ciudad a la que se dedica un considerable espacio en este
número) entre las páginas virtuales de Hermes
podemos transitar con pie firme sobre algún lugar arqueológico;
conversar, sentados sobre un verso consistente de Sófocles, con
Fedra, Prometeo o Penélope; recostarnos sin miedo a una estrofa de Horacio
(pues ya sabemos que es monumentum aere perennius)
mientras vemos caer, en silencio, el sol tras el último papiro
comentado. Como (e)Méri(t/d)a, también esta publicación es cada
vez más augusta. Invito a leerla, a transitarla.


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