miércoles, 30 de noviembre de 2011

Una revista emérita, de sobriedad augusta




Como clausura del I Encuentro de Jóvenes Investigadores en Filología Clásica celebrado entre el 28 y el 29 de noviembre de 2011 en la Universidad Autónoma de Madrid, se presentó en la Sala de Conferencias de la Facultad de Filosofía y Letras de dicha institución el número 8, correspondiente a noviembre de 2011, de Hermes. Revista del mundo clásico. La ocasión también fue propicia para celebrar el segundo aniversario de esta publicación digital estudiantil.

Quiero saludar, desde este sitio, la iniciativa que lidera Raquel Fornieles junto a un equipo de redacción entusiasta y volcado de lleno en el proyecto. Este no pretende solo el análisis y la exégesis académica, aunque de ello tiene, sino que está movido por el propósito de informar sobre el quehacer y las resonancias del mundo antiguo en nuestro presente; sobre las conexiones culturales, sociales y contemporáneas entre lo académico y lo mediático, entre el salón de clases y el palco de un teatro, el escenario, el cine o el espacio urbanístico y geográfico que habitamos. Hermes tiene una vocación polítropa y multiculturalista y  una gran inclinación hacia los estudios comparados. Nada humano le es ajeno, por lo que es también terenciana.

Entrevistas a directores, actores, arqueólogos, especialistas; crónicas y reportajes sobre exposiciones, puestas en escena o sobre viajes por ciudades como Mérida o Roma, y artículos sobre personajes, artes plásticas, asociaciones o libros: todo siempre relacionado con la antigüedad, pero no circunscrito solo al mundo grecolatino, sino teniendo en cuenta las culturas oriental, asiática, egipcia, mesoamericana, moderna y haciendo las asociaciones posibles con el mundo contemporáneo.

Logotipo de la publicación
Hermes es una especie de cibermensajero, κυβεράγγελος, que une en su vuelo sintáctico las costas de Troya o la voz de Demódoco y Demóstenes con la pintura de Rubens y los recitales de poesía grecolatina realizado por los estudiantes de Filología Clásica; es una revista que no discrimina espacios ni desaprovecha oportunidades: nos habla sobre el círculo de hablantes de latín que se reúne en Madrid semanalmente en la Residencia de Estudiantes; comenta y reproduce escolios, epigramas, papiros y pasajes en su original y traducidos al castellano; informa sobre el último muro caído en Pompeya o rescata algunos de sus grafitos eróticos.

La revista no se publica, al menos todavía, en papel. Puede ser consultada, libremente accesible, en la página del Departamento de Filología Clásica de la UAM. Su diseño ha ido adquiriendo mayor consistencia, sobriedad, y le auguro y le deseo que esa ganancia en la forma, en el soporte, en la imagen vaya en aumento, pues mucho más puede lograrse en cuanto a formato. Por lo pronto, cuenta ya con un logotipo sugerente, apropiado y oportuno, y la primera tipografía de los titulares, demasiado relajada e informal antes, ha ganado en sobriedad y elegancia en este último número.

Hacer del conocimiento adquirido en clases y de las horas de estudio en las bibliotecas algo más que unas notas releídas o guardadas en los cuadernos, archivadas, repasadas por los discípulos para el examen de turno; activar el diálogo, la difusión, la interacción del saber con el mundo más inmediato; desempolvar con desenfado y hacer zoom sobre algún pasaje o cierto personaje histórico que sirva como hilo conductor de otros artículos; dinamizar y hacer del conocimiento pálpito inquietante; crear un puente entre la erudición y la existencia, entre la historia y el futuro, esos son algunos de los valores que se pueden destacar de la joven publicación universitaria, hija de estos tiempos, que desde este espejo profuso y babélico que es internet, informa, por ejemplo, sobre los manuscritos bíblicos que milagrosamente podemos consultar hoy dando clic en el link correspondiente.

Hermes es una revista que indica dónde leer, ir, encontrar. Más que enjuiciar o valorar, muestra e informa, lo cual no quiere decir que no haya un juicio de valor en sus textos o que en la propia elección de sus contenidos no podamos hallar criterio estético y de selección. Pero ese no es su principal objetivo. Este mensajero olímpico, psicopompo, quiere conformar con sus propuestas una especie de Acueducto de los Milagros que una con sus arcos historia y palabras en las que podamos reconocernos, por las que podamos transitar libremente. Y esa es la sensación que da al leerla: libertad, cercanía, desenfado, placer, utilidad, diálogo.

Como en Mérida (ciudad a la que se dedica un considerable espacio en este número) entre las páginas virtuales de Hermes podemos transitar con pie firme sobre algún lugar arqueológico; conversar, sentados sobre un verso consistente de Sófocles, con Fedra, Prometeo o Penélope; recostarnos sin miedo a una estrofa de Horacio (pues ya sabemos que es monumentum aere perennius) mientras vemos caer, en silencio, el sol tras el último papiro comentado. Como (e)Méri(t/d)a, también esta publicación es cada vez más augusta. Invito a leerla, a transitarla.

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