domingo, 25 de diciembre de 2011

Parábola de Ícaro en bicicleta


"Quieren pintar como el sol pinta, y caen."
J. Martí

"Dame las alas que formaste sobre el sol"
Alberto Tosca

Anda en su nuevo ciclo por el parque, a través de las aceras más altas que rodean los cuadrantes de arena en que otros niños corren y juegan, suben a los columpios, se deslizan por la canal.

En esa sonrisa por lo nuevo, en su vitalidad y en el pedaleo de su respiración están toda la felicidad y todo el horror, toda la fuerza y toda la vulnerabilidad humana, la potencia y la fragilidad.

Cae sin alas. La madre, asustadiza, se levanta de un pálpito casi a punto de ir hacia él. Desde el suelo, la mira, sonríe y se levanta. Vuelve a la maquinaria del equilibrio. El pie sobre el pedal, un leve salto, el primer empuje, el impulso. Y otra vez andando sobre las gastadas arterias de piedra. Algún día querrá volar.

La sangre no se ve cuando se sonríe, no es importante cuando se quiere llegar más allá de ella. Volverá a caer. Acumulará caídas. Amortiguará algunas, otras no. No bastan las cercas, los cuidados. 

Pedirá alas después de aprender todo equilibrio terrestre. Es un asunto de gravedad. Y en la gravedad está nuestro temor más cotidiano. Algunos no llegan a superarlo, no comprenden que en la caída también se funda, que en la caída también se vence, que el golpe es también hallazgo. 

Él querrá tocar el sol, corregirlo.



    

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