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| Fotografía de Gabriel Dávalos https://www.facebook.com/photo.php?fbid=222921021113331&set=pt.139176229487811&type=1&theater |
El fotógrafo y periodista cubano de
Canal Habana Gabriel Dávalos, de una notable sensibilidad y talento
artísticos, tiene en Facebook un perfil profesional desde
el que he podido acceder a algunas de sus obras relacionadas con el
mundo del ballet que forman parte de la serie Perfiles de Bailarines
Cubanos que él dirige.
Bailarines cubanos de condiciones
excepcionales como Osiel Gouneo y Amaya Rodríguez aparecen
haciendo difíciles giros y saltos, teniendo casi siempre de fondo
algún espacio habanero. La conjunción entre el arte y lo cotidiano,
entre escena y ciudad, entre las zapatillas y el asfalto, entre el
lirismo de la imagen y el entorno sobresalen en estos trabajos.
Dávalos va desde el reto de encuadrar
y eternizar el salto irreverente, trasgresor, desafiante del
bailarín; o de presentar a los danzantes en poses de relajamiento,
fuera ya de la tensa postura estética del ballet (y aún así quedan
como seres gravitantes, elegidos, en transición hacia lo eterno);
hasta volverlos demiurgos, ángeles de la guarda, órdenes en la luz
del caos.
En este caso la elegida es Dayessi
Torriente Llanes, que actualmente es solista del Ballet Nacional de
Cuba y que en otra ocasión ha posado para el fotógrafo en puntas
apoyada en el malecón habanero. Pero lo que me ha hecho pasar de la
contemplación a la escritura esta vez es que en la foto
tomada a Dayessi se recrea una de las obras y de las figuras míticas
de la antigüedad más conocidas: la diosa de la Victoria, que en
griego se llama Niké y que es la génesis del nombre de la marca
“nike”.
Esta diosa, como mismo aparece la
bailarina cubana, solía ser puesta y esculpida en la proa de algunos
barcos, especie de guía ante el mar inmenso, como amuleto ante las
tempestades. Sin embargo, la pose de la bailarina es totalmente
casual, así lo leemos en uno de los comentarios del fotógrafo en
FB:
Gabriel Davalos -fotógrafo-: Grettel
Morejón Grueiro, la idea fue colectiva, la verdad...
mientras Ely Regina Hernandez Numa terminaba de maquillar a
las otras nenas, le dije a Dayessi Torriente Llanes que se
trepara a la punta para hacer unas fotos. Ella solita comenzó a
colocarse en esa pose; yo a buscar desde donde haría la foto;
alguien, desde el bote-camerino, gritó, súbete a un barco y hazla
navegando... en fin¡¡¡ trabajo en equipo¡¡¡
25 de noviembre a las 21:46 · Me
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De este trabajo en equipo, del azar
concurrente (como lo llamó Lezama) Dayessi en su foto recuerda
también a María Sallé al usar por primera vez túnica griega en
lugar del incómodo miriñaque para danzar, dialoga con la Niké de
Samotracia que reproduce entre sus pliegues el misterio marmóreo del
viento, recuerda a la niña vestida de rojo en la Lista de Schindler,
en contraste con el blanco y negro de la escena fílmica.
Dávalos gusta de las imágenes en
blanco y negro, aunque también tiene trabajos a color con otros
bailarines. En este caso, aunque el entorno y la figura misma de la
bailarina están en blanco y negro, el vestido es de un rojo intenso,
que parte ajustado desde su cuerpo y se prolonga hacia el aire. En
esa tela púrpura detenida, en el desafío de la mirada, en el cuerpo
de Dayessi erguido, como nueva Niké desafiando el mar, está el
logro del fotógrafo en esta ocasión.
Ante el gris de las aguas, frente a un
medio en que el blanco es metáfora de la tristeza y la monotonía,
Dayessi surge pujante, aguda, violenta y victoriosa. Más que de la
Victoria, es la diosa de la Esperanza, pero una esperanza que empuja
hacia adelante, que lucha, que persevera. La madera sucia, los
andenes, las barandas parten y regresan de la figura femenina que es
el punto de fuga. Entre el agua oscura que planea en la parte
inferior, los árboles grises arriba en la sombra y el blanco que se
repite al centro de barco en barco anclados en la orilla, todo el
movimiento, toda la vida, toda la atención la tiene la apoteosis de
esta Niké, apretando sus brazos y sus puntas y lanzando la mirada y
el pecho erguido hacia el horizonte, hacia la luz.
También en Facebook, en una foto del
muro del bailarín cubano Yasser Serafín, escribí hace unos meses
que “si uno sabe saltar bien puede poseer mucho: desde el
hotel Habana Libre hasta el mismo Capitolio de La Habana.” Aquella
foto me demostraba que La Habana tiene aún modos insólitos e
insospechados de sorprender. Con la obra de Gabriel Dávalos lo
confirmo al sentir el sobresalto que el arte genuino provoca.
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| Yasser Serafín Castro, solista del BNC |


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