sábado, 10 de diciembre de 2011

La diosa de la Victoria


Fotografía de Gabriel Dávalos
https://www.facebook.com/photo.php?fbid=222921021113331&set=pt.139176229487811&type=1&theater



El fotógrafo y periodista cubano de Canal Habana Gabriel Dávalos, de una notable sensibilidad y talento artísticos, tiene en Facebook un perfil profesional desde el que he podido acceder a algunas de sus obras relacionadas con el mundo del ballet que forman parte de la serie Perfiles de Bailarines Cubanos que él dirige.

Bailarines cubanos de condiciones excepcionales como  Osiel Gouneo y Amaya Rodríguez aparecen haciendo difíciles giros y saltos, teniendo casi siempre de fondo algún espacio habanero. La conjunción entre el arte y lo cotidiano, entre escena y ciudad, entre las zapatillas y el asfalto, entre el lirismo de la imagen y el entorno sobresalen en estos trabajos.

Dávalos va desde el reto de encuadrar y eternizar el salto irreverente, trasgresor, desafiante del bailarín; o de presentar a los danzantes en poses de relajamiento, fuera ya de la tensa postura estética del ballet (y aún así quedan como seres gravitantes, elegidos, en transición hacia lo eterno); hasta volverlos demiurgos, ángeles de la guarda, órdenes en la luz del caos.   

En este caso la elegida es Dayessi Torriente Llanes, que actualmente es solista del Ballet Nacional de Cuba y que en otra ocasión ha posado para el fotógrafo en puntas apoyada en el malecón habanero. Pero lo que me ha hecho pasar de la contemplación a la escritura esta vez es que en la foto tomada a Dayessi se recrea una de las obras y de las figuras míticas de la antigüedad más conocidas: la diosa de la Victoria, que en griego se llama Niké y que es la génesis del nombre de la marca “nike”.

Esta diosa, como mismo aparece la bailarina cubana, solía ser puesta y esculpida en la proa de algunos barcos, especie de guía ante el mar inmenso, como amuleto ante las tempestades. Sin embargo, la pose de la bailarina es totalmente casual, así lo leemos en uno de los comentarios del fotógrafo en FB:

Gabriel Davalos -fotógrafo-: ‎Grettel Morejón Grueiro, la idea fue colectiva, la verdad... mientras Ely Regina Hernandez Numa terminaba de maquillar a las otras nenas, le dije a Dayessi Torriente Llanes que se trepara a la punta para hacer unas fotos. Ella solita comenzó a colocarse en esa pose; yo a buscar desde donde haría la foto; alguien, desde el bote-camerino, gritó, súbete a un barco y hazla navegando... en fin¡¡¡ trabajo en equipo¡¡¡
25 de noviembre a las 21:46 · Me gusta

De este trabajo en equipo, del azar concurrente (como lo llamó Lezama) Dayessi en su foto recuerda también a María Sallé al usar por primera vez túnica griega en lugar del incómodo miriñaque para danzar, dialoga con la Niké de Samotracia que reproduce entre sus pliegues el misterio marmóreo del viento, recuerda a la niña vestida de rojo en la Lista de Schindler, en contraste con el blanco y negro de la escena fílmica.

Dávalos gusta de las imágenes en blanco y negro, aunque también tiene trabajos a color con otros bailarines. En este caso, aunque el entorno y la figura misma de la bailarina están en blanco y negro, el vestido es de un rojo intenso, que parte ajustado desde su cuerpo y se prolonga hacia el aire. En esa tela púrpura detenida, en el desafío de la mirada, en el cuerpo de Dayessi erguido, como nueva Niké desafiando el mar, está el logro del fotógrafo en esta ocasión.

Ante el gris de las aguas, frente a un medio en que el blanco es metáfora de la tristeza y la monotonía, Dayessi surge pujante, aguda, violenta y victoriosa. Más que de la Victoria, es la diosa de la Esperanza, pero una esperanza que empuja hacia adelante, que lucha, que persevera. La madera sucia, los andenes, las barandas parten y regresan de la figura femenina que es el punto de fuga. Entre el agua oscura que planea en la parte inferior, los árboles grises arriba en la sombra y el blanco que se repite al centro de barco en barco anclados en la orilla, todo el movimiento, toda la vida, toda la atención la tiene la apoteosis de esta Niké, apretando sus brazos y sus puntas y lanzando la mirada y el pecho erguido hacia el horizonte, hacia la luz.

También en Facebook, en una foto del muro del bailarín cubano Yasser Serafín, escribí hace unos meses que “si uno sabe saltar bien puede poseer mucho: desde el hotel Habana Libre hasta el mismo Capitolio de La Habana.” Aquella foto me demostraba que La Habana tiene aún modos insólitos e insospechados de sorprender. Con la obra de Gabriel Dávalos lo confirmo al sentir el sobresalto que el arte genuino provoca.

Yasser Serafín Castro, solista del BNC

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