martes, 13 de diciembre de 2011

Hipotenusas sobre la yerba



A la Iglesia Misión Mundial en Sandino

"Podemos hablar de la memoria de los sueños."

"A cada hombre  le está dado, con el sueño,
una pequeña eternidad personal."

Jorge Luis Borges

"Estamos hechos de la misma madera de nuestros sueños."

W. Shakespeare



Hay algunos caminos que, de recorrerlos tanto en la vida, en la corta vida que nos es dada, quedan como tatuados en la memoria, una especie de secuencia cinematográfica más vívida que otras, lo que demuestra de algún modo que en la repetición, en la relectura, en el ejercicio rutinario está algunas veces el método más factible para el buen aprendizaje.

De esos trayectos aprendidos a golpe de andarlos tantas veces, ahora recuerdo tres. El que llevaba de mi casa a la iglesia, el que conducía de mi casa a la secundaria y el camino desde el Cementerio de Regla (donde me dejaba el autobús al regresar de impartir mis clases en la Universidad) hasta la casa en que viví y fui feliz (muy feliz) durante tres años en Rafaelli, a unas cuadras de la bahía reglana.

Nótese, además, que esos caminos bien aprendidos, que podemos casi palpar en el recuerdo, cerrar los ojos y recorrer con determinada facilidad, tienen que ver con ciertas aspiraciones, con algunas metas logradas, con nuestra formación, con las prioridades y los propósitos que nos trazamos (o que nos imponen) en distintos momentos de nuestra vida.

En mi caso, el primero de estos tres que recuerdo (el de la iglesia) tiene que ver con mi formación teológica y mi crecimiento en todos los sentidos, pues en la iglesia crecí, dialogué, viví desde los 9 años de edad. Ir de mi casa al templo era un trayecto de refracción, especular. La iglesia fue mi casa. A ella debo mi iniciación en el culto a la lectura, en el conocimiento de los misterios de la palabra, del logos, en la disciplina del estudio; debo mis primeros y mejores amigos, el conocer gente maravillosa con la que todavía hoy cuento de modo incondicional, estén en el lugar que estén.

Parte superior derecha: zona en la que vivía en Sandino, Pinar del Río
Al frente de mi edificio se ve una frondosa ceiba


El segundo trayecto tiene que ver con mi primera formación educacional en un país socialista, dentro de las que se llamaron “escuelas en el campo” (ESBEC): más de dos kilómetros que caminamos juntos durante tres años en las mañanas por un terraplén donde aparecían con determinada frecuencia algunas hileras de eucaliptos, el primer sol indeciso de la mañana; íbamos como ovejitas uniformadas, en medio de una angustiosa nube de polvo, por una sabana fría e inhóspita, por el atajo, especie de hipotenusa trazada entre las calles-catetos. Y luego en la tarde, el camino de regreso a casa y las noches de apagón en que hacía mis deberes bajo la luz de una lámpara que mi madre improvisaba con un tubo de pasta dental y un poco de luz brillante (petróleo) en una botella o bote de cristal (conocida como "chismosa").

El tercero, el de Regla, era una pendiente que subía en las mañanas y que bajaba en las noches, por la calle Maceo, doblando en La Piedra y entrando luego por Rafaelli 9; esta última, una calle de una sola cuadra, amurallada por la parte que da al mar.

Los tres trayectos tienen como factor común la casa donde vivía. Los tres están relacionadas con el aprendizaje y la enseñanza, dentro de la que he pasado gran parte de mi vida. En la iglesia y la escuela recibí contenidos, aprendí. En el caso del camino de Regla hacia el autobús en las mañanas para ir a la Universidad, ya en ese tiempo como profesor universitario, enseñaba, compartía un poco de lo que había estudiado y de lo que seguía investigando.

Cuando llegué a Madrid, soñé insistentemente y de forma reiterada que iba bajando la calle Maceo de Regla, me detenía en mi sueño en los hemistíquios asfálticos, arquitectónicos y hasta ferroviales que mejor recuerdo: el portal en que compraba algo de comer antes de bajar la pendiente; la línea del tren por la que casi nunca pasaba un tren, a no ser uno alguna extraña tarde u otro casi fantasmagórico que interrumpía alguna vigilia en la noche prolongada de la isla; la casa de madera colonial, casi cayéndose, que hacía esquina; el CUPET, un poco más adelante, en el que podía comprar con CUC aceite, jugos naturales y perritos calientes...

Edificio en Sandino, Pinar del Río, donde
viví durante mi niñez y adolescencia


Pero anoche he señado, con una nitidez sorprendente, con el camino hacia la iglesia cuando era niño y vivía en Sandino: la blanca puerta de mi casa, el color oscuro de la llave (color del tiempo), el escalón roto al salir de mi edificio, el trillo pitagórico (en forma de hipotenusa irregular que rectifica las molestas exactitudes geométricas urbanísticas) que acortaba el camino y seguía por el asfalto, el abrupto final de esta acera que en un poste y después de un arbusto se cortaba, desaparecía...

Luego cruzaba la calle, hacía entonces un bojeo al Palacio de Pioneros, pasaba por casa de Yaniesky (por la entrada del Paladar de Tony), seguía recto hasta la cañada, iba hacia los “cuatro plantas”, miraba las ventanas de casa de Mariolys para saber si estaba aún allí. Luego las canchas, cuidado, que ahí, desde hace poco, hay un hueco que no se ve por la oscuridad. Al frente, la casa de Triana, su abuelo sentado en el portal aprovechando el poco fresco de la tarde. Seguía por el Centro Escolar donde estudié de pequeño, bordeándolo hasta doblar, pasaba por frente de casa de Mabel, cruzaba una calle, seguía por frente de la sede de la Unión de Jóvenes Comunistas del municipio; luego otra hipotenusa sobre la yerba, un trillito de losas y ya, al acercarme, se siente la música, la voz del pastor, Narcisa dando un testimonio, el pandero, Reimel en el piano, alguien que se da la vuelta desde los primeros bancos, me mira, sonríe y me llama para que me siente a su lado...

Al centro, en la parte inferior, mi edificio.
¿Veis la pequeña hipotenusa en la esquina inferior del edificio?

1 comentario:

  1. hay Yoandy por que haces esto???
    acabas de sacar dos lagrimas de mis ojos que hasta me dolieron...he visto el camino(de tu casa-iglesia)mientras lei tus palabras y lo he visualizado todo, hasta el olor senti...
    tambien puedo contar de caminos que camine...
    y quien no???
    me encanto poder leer de ti...de los caminos que recuerdas y que estoy en uno de ellos...me hace feliz...quizas olvidaste uno que siempre fue divertido y fastidioso a la vez...
    un beso...mario

    ResponderEliminar