domingo, 11 de diciembre de 2011

Heredia y Delacroix: la Grecia decimonónica como factor común

"Grecia muriendo en las ruinas de Missolonghi"
de Eugène Delacroix


Desde Cuba, José María Heredia y Joaquín Lorenzo Luaces, en la década del veinte del siglo diecinueve, levantaban su voz lírica ante las noticias de la guerra de liberación griega contra los otomanos. Después de tres siglos bajo el yugo imperial turco, la lucha por la independencia griega iniciada en 1821 se convirtió en modelo de inspiración y en causa común para los filohelenos europeos y americanos. El rey alemán Luis I de Baviera declaraba algo que sería bueno recordar ante la situación actual de una Europa que a ratos parece querer culpar al pueblo balcánico de los males y la crisis que en el presente azota al mundo: "Europa tiene una deuda enorme con Grecia [...], les debemos las Artes y las Ciencias." Los simpatizantes se reunieron en todo el mundo creando organizaciones para financiar ayuda y comprar armas para la causa. Esperemos que hoy, ante una situación difícil para ese país, la comunidad europea e internacional responda del mismo modo que lo hizo, espontáneamente, en el siglo diecinueve.

En el año 1822 se declaraba la independencia griega desde las gradas y la orchestra de Epidauros, aunque la lucha continuó unos cuantos años más, y fue con los enfrentamientos franceses y rusos frente a los turcos que terminó el conflicto. En materia de creación artística, quisiera destacar tres obras que tienen que ver con uno de los momentos más dramáticos y violentos de la guerra greco-turca. Me refiero a la batalla de Missolonghi que está recreada en "Grecia en las ruinas de Missolonghi" de Delacroix como homenaje a Lord Byron y que inspiró las estrofas del cubano Joaquín Lorenzo Luaces de "La caída de Missolonghi" en las que enmascara las ansias de libertad para la isla caribeña. El otro texto que quisiera hacer resaltar es el poema de José María Heredia dedicado a la insurrección griega de 1821.

La Grecia personificada de Delacroix, además de tener un perfil clásico y de acumular toda la luz, todo el blanco para sí en el centro del cuadro, tiene las manos abiertas, parecería indefensa, pero también dispuesta a la ofensiva, al esfuerzo, al sacrificio. En genuflexión sobre sus propias ruinas, sobre los cadáveres de sus hijos, con el pecho semidesnudo como otra heroína trágica (una Hécuba al suplicar a Héctor o una Yocasta ante sus hijos a punto de enfrentarse), al mismo tiempo parece desajustada y felina, indefensa, pero no vencida, sorprendida, pero alerta a cualquier ataque. Al fondo del cuadro se ve la figura de un turco armado en medio de una oscuridad acosante que contrasta con la luz de la figura de Grecia que con sus manos abiertas se mueve entre el dolor y la vigilancia. 

Cuando estalla la guerra de independencia griega, José María Heredia escribe un texto inspirado en la lucha helénica titulado "Al alzamiento de los griegos contra los turcos en 1821". La relación entre la descripción en el inicio del texto de Heredia y el lienzo de Delacroix es evidente: ambos se refieren a la ambivalencia de la situación de los griegos entre el desarme, la indefensión y la desnudez griega frente a un temible tirano y, al mismo tiempo, la valentía de enfrentarlos; ambos reflejan el contraste entre la destrucción y las ruinas y, por otra parte, la resistencia y heroicidad de anteponer el pecho desnudo contra el enemigo superior en armas y en número. Así comienza Heredia su poema:

Jamás puede un tirano
la cadena cargar á un pueblo fuerte,
que enfurecido se alza, lidia, y triunfa,
o sufre noble y envidiable muerte.
Pueblos famosos de la antigua Grecia,
vosotros lo decís: en el delirio
de su inmenso poder Darío se lanza,
y hordas y hordas sin número de esclavos
corren ciegas en pos: estremecida 
calla la tierra, y en silencio mudo
el yugo aguarda en desaliento hundida.

Pero Atenas y Esparta alzan la frente,
y con pechos impávidos resisten
aquel tremendo asolador torrente
que en ellas quiebra su ímpetu sañudo.
[...]

Heredia crea una analogía, a partir de las condiciones que hemos comentado antes, entre la Grecia decimonónica que se enfrenta contra los turcos y la Grecia del siglo V que lucha contra el imperio persa durante las guerras médicas. Este Darío que desde el tiempo presente "se lanza" nos hace entender desde el principio que para el poeta la conjunción temporal es importantísima, de ahí que persigue con su texto reunir a los hombres del pasado, el presente y el futuro a través de la poesía y a favor de la causa de la independencia griega. 

Al mismo tiempo también le recrimina al pueblo griego que haya podido librarse del yugo imperial en la antigüedad y que no haya impedido volver a caer bajo otro tirano; intenta hacerlos reaccionar y les recuerda los triunfos y las batallas librados en los tiempos de Leónidas y Esquilo.

El poema de Heredia es una puesta en batalla, una invocación que aúna a los espectros de los héroes antiguos que se suman al fragor de la guerra, a los dioses que se remueven y palpitan en el mármol clásico y fragmentario, unidos a los helenos contemporáneos en el enfrentamiento contra el cruel régimen musulmán; a ello súmese los buenos hombres de Europa y de América, los enemigos de toda tiranía, contra la que se pronuncia Heredia, y hasta los hijos de los que viven estos momentos convulsos que escucharán de sus mayores la historia de la guerra, la valentía del momento, el milagro de la victoria frente a un enemigo superior y tiránico.

El poeta cubano va de la descripción al movimiento, de la ékfrasis a la épica, sus estrofas crecen, se entretejen como las escuadras de un ejército. Si comienza despertando a vivos y muertos, a la historia y al porvenir, a dioses y hombres, a europeos y a americanos a favor de la causa griega, termina hablando desde sí mismo, desde un yo lírico que se siente desfallecer:  Heredia se descubre, como Grecia, usando sus últimas fuerzas, sus últimos trazos, agotado, sufriente, casi vencido, pero seguro de la victoria de Grecia y de sus palabras:

[...]

Ay! mis ojos ¡oh Grecia vengadora!
tu gloria no verán: enfurecida
la dolencia mortal que me devora,
seca ya en mí las fuentes de la vida,
y me agovia (sic) cruel. La muerte fiera,
de mi edad en la dulce primavera,
cual flor por el arado atropellada,
vá á despeñarme en la región sombría
del sepulcro fatal. ¡Oh lira mía!
Estos serán los últimos acentos
que haga salir de ti mi débil mano.
Pero el hado tirano 
no heló mi fantasía,
y en su fogoso vuelo arrebatado
yo á los siglos futuros me transporto,
vivo en el porvenir. Como un espectro,
del sepulcro en el borde suspendido,
dirijo al cielo mis postreros votos
por que triunfes ¡oh Grecia! y ya te miro
lanzar á tus tiranos indignada,
y á la alma libertad servir de templo,
y al mundo escucho que gozoso aplaude
victoria tal y tan glorioso ejemplo.
    
Aunque el punto de partida es el tiempo de Leónidas y la hazaña escalofriante de Las Termópilas, el sujeto lírico herediano termina palpando el futuro, prediciendo el porvenir; como un moribundo homérico que entrevé en los últimos instantes de aliento vital lo que ha de suceder en un futuro cercano, el yo poemático revela el triunfo de Grecia, pero dice que no podrá verlo con sus propios ojos. Sin embargo, Heredia murió en 1839, por lo que sí pudo ver y conocer el triunfo heleno de 1832. Sus versos me hacen recordar a otro poeta romántico que sí murió precisamente en Missolonghi en 1824, que dio sus últimos esfuerzos en la guerra griega. 

A ratos me parece que es Lord Byron quien habla desde los versos de Heredia, más si sabemos que el poema del escritor cubano fue publicado en 1823, el mismo año en que el poeta inglés es nombrado miembro del comité de Londres por la Independencia de Grecia para morir pocos meses después en suelo heleno. A Lord Byron precisamente dedica Delacroix sus obras relacionadas con Missolonghi, y a Lord Byron nos recuerda Heredia en esa voz moribunda, romántica, enferma que no verá la victoria de los griegos, pero que a ella entrega aliento y sangre.



"Byron en su lecho de muerte", lienzo al óleo, 166 x 234,5 cm,
realizado por Joseph-Denis Odevaere en 1826, Groeninge Museum,
Brujas

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