domingo, 25 de septiembre de 2011

Comentario a partir de la entrada "Pederastia, o los secretos que se esconden tras lo público", del profesor Francisco García Jurado



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Me sigue sorprendiendo y agradando, profesor, la comunidad de temas que hay entre lo que escribe y algunas de las inquietudes sostenidas por mí durante hace tiempo. Hace unos meses tengo deseos de escribir aunque sea una pequeña nota en la que defienda mi derecho a diferenciar los conceptos de “pederastia” y de “pedofilia”, que en nuestros tiempos vienen a significar, en la norma común y popular muchas veces, lo mismo. 

Según el DRAE, “pedofilia” es la atracción erótica o sexual que se siente por un niño o un joven, indistintamente, por lo que no se diferencia lo uno de lo otro, como sí se diferenciaba en la Grecia Arcaica en el concepto de “pederastia”, a pesar de que y al mismo tiempo porque ambos términos tienen como base el sustantivo παῐς (que en griego es tanto "joven" como "niño", de ahí el significado moderno de "pedofilia", que conduce a graves confusiones). El término “pederastia” para los griegos del siglo VI a.C. estaba relacionado con una atracción no solo física y sexual, sino también sublime, de conocimiento, de enseñanza, de educación aristocrática y refinada, de amistad profunda y recuerda aquella manera libre en que los griegos antiguos asumían el deseo, el erotismo, el esteticismo de las formas y las sensaciones naturales como cotidianas y espontáneas, todo lo cual se puede demostrar a través de los versos agónicos, por ejemplo, de Teognis de Megara. 

Pero el ser humano pasó de describir y estudiar lo físico y la naturaleza humana a no solo describir sino también ordenar lo espiritual, y el propio Teognis responde a una moral aristocrática que en muchos puntos poco puede agradarnos; de pensar la naturaleza saltamos a la ética y a la moral. Ya lo decía Borges, quien ha sido otro tema en común en estos días: "la ética es una ilusión de los hombres, no de las inescrutables divinidades"Platón en La República ya cuestiona y critica la moralidad de Homero en cuanto al comportamiento “vicioso” de los dioses, Aristóteles divide los géneros en sus anotaciones de la Poética muchas veces por medio de opiniones plagadas de moralidad y de conceptos que llegan hasta nuestros días, como son lo elevado o sublime y lo bajo, de esa forma diferencia tragedia de comedia, por ejemplo. El mismo Sócrates (o el pensamiento platónico dado a conocer por medio del personaje Sócrates) es ejemplo de un interés por un comportamiento más "ético" y acorde a una moralidad específica. Luego el estoicismo, el epicureísmo refuerzan la mirada del pensamiento humano, de la filosofía hacia cuestiones ontológicas. Los romanos llevaron muchas veces el disfrute de los placeres a formas extremas, tanto en el lujo como en el disfrute sexual. 

Plinio habla en una época de confusión, pero al mismo tiempo marcada por una moralidad que mucho se acerca ya al cristianismo. Mi duda ahora es si, en tiempos de la aristocracia griega antigua, si del período arcaico queda algún testimonio que se refiera a la pederastia como una práctica vergonzosa o inmoral, sería interesante localizarlo. 

Por mi parte, creo que la “pederastia” en su sentido etimológico, en que un joven de experiencia orienta a un adolescente en el mundo del placer y del conocimiento, ha permanecido en la tradición humanística hasta nuestros días. Exista o no deseo o consumación sexual, y cambien las tácticas y las formas en nuestros tiempos o no, mientras haya un sentimiento genuino entre dos personas conscientes y adultas donde una aprende y otra instruye, mientras haya confidencia y disciplina, mientras el amor por lo bello y por el saber los una, estaremos en presencia de ese concepto cuya denominación se presta y se usa en nuestros días, en la prensa de hoy para hacer referencia a comportamientos y acciones ya alejados de lo que venía a significar en la antigüedad. En el DRAE, diccionario plagado de contradicciones y moralismos trasnochados, se da como sinónimo de “pederastia” la “sodomía”, por lo que un concepto milenario y rico en matices queda reducido al abuso sexual de niños y al coito anal. Pero el lenguaje es así, y las palabras evolucionan por caminos muchas veces insospechados, nos agrade más o menos. El uso popular de ese vocablo nos ha dejado un poco huérfanos  sin saber cómo nombrar aquello que los griegos consideraban parte de la educación y que vemos en textos narrativos contemporáneos como Muerte en Venecia de  Thomas Mann, "Un ladrón de mangos en el jardín de Academos" de Ernesto Pérez Chang o en algunos versos de Luis Cernuda y José Félix León.






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