martes, 10 de mayo de 2011

Mi madre teje un mantel



En los bordes hay unos remolinos
hermosos, oscuros,
puntadas oculares,
pupilas de galerna que apuñala mi madre
con sus agujetas de aluminio.
Y tuerce el largo cordel
creando pequeñas borrascas,
rostros entre el hilo atado mil veces
y los espacios en que va
poniendo nombres.

El pensamiento, sus palabras
se entrecruzan, las agujas
golpean contra hebras que se leen,
escurridizas, como un agua
perdida por entre los punzones:
conceptos alargados,
felicidad, duda, fe, casa, hijos,
amor, Dios, familia,
que se filtran por sus manos,
certeras y nerviosas en los golpes.

Mi madre teje un mantel
donde salgo despeinado,
recién abierta la ventana al día,
y yo empujo la puerta y rompo
el estambre con mi paso,
dudoso, perdido
en la escalera del mosaico,
hacia abajo,
y mis ojos se nublan, ebrios
por las primeras puntadas
de una luz desconocida.

31 de diciembre de 2009- 1ro de enero de 2010

4 comentarios:

  1. La palabra ajustada al hilo; el sentimiento tejiendo su libertad. Hermoso.
    saludos

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  2. Yoandy, gracias por este poema. Mi madre, ya fallecida, sigue tejiendo en mi mente el mantel de mi vida, y esa última estrofa -tierna, humana, universal- me lo recuerda. Un abrazo fraternal.

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    1. Gracias a ti, José Antonio, por hacerlo tuyo al leer. De algún modo somos la continuidad de nuestras madres, de sus tejidos. Saludos.

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