domingo, 24 de abril de 2011

DESAYUNO EN EMAÚS


PARA EDEISY

Un desayuno con Dios debe de ser así,
imprevisto,
doblado el paño sobre la mañana.
La leche en el fogón, tibia,
como cuando frotas las manos
contra el frío matinal:
un ligero ademán de resistencia.

Y Dios hablando,
suave la conversación,
sus palabras, pan horneado en las primeras horas
para el viajero inesperado.

Afuera el sol, en el atrio.
Dentro la penumbra,
la cocina, lugar santísimo, humildísimo.
Dios limpiando las palabras con el delantal.

Con voz de anciana amable,
lee, comenta.
Respira pleno un sorbo de soledad
durante la visita.

La familia de Dios también ha emigrado.
Escribe cartas.
No me deja limpiar las migajas de mi porción:
Qué me quedará- pregunta- cuando te vayas.
No dice adiós con el abrazo.
Limpia las tazas. Sonríe.
Agrupa los platos sobre el fregadero
y sonríe.

SANDINO, VERANO Y 2009.

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