martes, 19 de abril de 2011

A 165 años de la muerte de Zequeira






“Liras templando de cristal sonoro”

Manuel de Zequeira y Arango


La lírica cubana comienza a perfilarse con uno de los poetas más diversos, contradictorios e interesantes de todo el período colonial. Manuel de Zequeira y Arango nació en La Habana el 28 de agosto de 1764 y murió el 19 de abril de 1846. Tuvo una formación clásica y esmerada en el Seminario de San Carlos y desarrolló una carrera militar sobresaliente. Al lado de sus poemas de tono épico, de exaltación a España que reconoce como madre y patria, a la que defendió incluso frente a las fuerzas de Bolívar en 1810, encontramos también versos de un desenfado tal que preludian el uso del disparate en nuestra lírica y son un ejemplo del tan llevado y traído “choteo cubano”. Para entonces ya nuestro poeta era víctima de desvaríos, perdía la razón con facilidad, decía volverse invisible al colocarse sobre la cabeza un sombrero, de modo que con Zequeira también surge un mito quijotesco para nuestra historia literaria, una tensión de conceptos y tonos que perdura incluso en la literatura que se escribe hoy mismo en la isla. Esa fusión cervantina de las armas y las letras perceptible en la obra del cubano por su doble vocación de militar y poeta será continuada luego por José Martí, Rubén Martínez Villena y Pablo de la Torriente Brau, además de ser una obsesión que se refleja dentro de su obra. Recuérdese el cañón que aparece convertido en pluma de escribir en “La ronda” de 1808 o de qué modo une plasticidad, ambiente militar, bucolismo y poesía en la oda dedicada a Carlos III escrita en 1803.

La conceptualización misma que da Lezama respecto del “barroco americano” es constatable en la obra lírica de Manuel de Zequeira. El autor de Paradiso asegura que lo que para el europeo es consecutivo, para el americano es simultáneo. Por eso Zequeira lo mismo imita a Góngora y a Quevedo que se deja influir por la poética de Ignacio de Luzán, quien, precisamente toma el estilo gongorino como representación de lo que no se debía hacer en literatura por ser inentendible y sintácticamente complicado. El Neoclasicismo en América no es un estilo de reacción contra el Barroco, pues al no existir en nuestras tierras una tradición literaria anterior, estos estilos se funden y es posible encontrar con facilidad dentro de la poesía del propio Zequeira atisbos del estilo romántico. Los calificativos de “arrebatado y armonioso” que Martí utiliza para definir a Heredia, pueden constatarse también en la lírica del autor de "La ronda".



A través de la poesía, Manuel de Zequieira quiso perpetuar los episodios históricos importantes y apoyar las iniciativas de reformas sociales promovidas desde España por Carlos III, que tuvieron eco en nuestras tierras y apoyo de hombres como Don Luis de las Casas y el obispo Juan José de Espada, para ello utiliza en ocasiones la octava real que es el tipo de estrofa con el que se escribe el poema épico fundador de la literatura cubana, Espejo de paciencia, y la primera obra heroica escrita en tierra americana, La araucana. De ahí que en los primeros años de producción literaria, el poeta cree en la perdurabilidad de la historia y del recuerdo, en la trascendencia y eternidad a través del canto, todo ello en consonancia con sus ideales patrióticos y militares.

La poesía del cubano, sin embargo, transita de lo épico-heroico a lo subjetivo, al tema amoroso, a la incertidumbre. El paulatino escepticismo de Zequeira ante los adelantos técnicos y científicos como la nave de vapor, lo conduce al tipo de poesía más personal y lóbrega. Poemas como “A la paz”, “Contra la guerra”, “A la nave de vapor” muestran el profundo temor del poeta ante las potencialidades del hombre y al triunfo de la razón humana, sobre todo porque el ser humano suele usar sus invenciones técnicas para ir en contra de su propia especie, y esto preocupa mucho a nuestro autor.

A partir de las experiencias no muy positivas que el autor tiene, sus deseos de hacer convivir lo militar con lo artístico, de conjugar paz y cotidianidad se frustran y el poeta cambia de tono, busca la evasión, la sátira, la locura, el disparate, el sufrimiento y cuestiona, se burla, critica lo que antes defendió.

Si en las imitaciones que el autor lleva a cabo se niega a seguir cantando los temas elevados y serios y opta por un tono más humilde; utilizará la estrofa épica española por excelencia (octava real) con la que había cantado en tono majusteoso y altisonante a Cortés, para burlarse de los temas elevados y trascendentes a los que se dedicó en su poesía épico-reformista. En sus “octava jocoserias”, un tipo de poesía que encontramos también en la prensa del siglo XVIII español, se burla y satiriza los modelos literarios a los que había tributado, a la épica, a la bucólica, a todo tema serio, e impone el disparate, el sin sentido, porque su poesía también refleja el desequilibrio mental que sufrió el poeta.



El cubano cuestiona, trasgrede, se burla de todo lo coherente y lógico, de lo serio, de lo trascendente. Distinto el tono de este plectro satírico y disparatado al de aquella lira ya romántica que es para el poeta “dulce en mis soledades compañera/ consoladora de mi pena dura”. Si en la “Batalla naval de Cortés en la laguna” pide a la musa que descienda y le dicte, aquí su plectro, su inspiración está alborotada, se agita, salta enloquecida. Nada le importa sino el sin sentido, el caos, la demencia. La tradición que él mismo había venerado es puesta en tela de juicio, ridiculizada. Realiza un sabotaje a los temas serios y a la tradición con un estilo más suelto y desenfadado y a partir del mismo soporte estructural de poemas de tono sublime como La araucana.

La pluralidad de tonos, temas y formas caracteriza su literatura, y demuestra cómo en su obra se va de lo épico a lo bucólico y subjetivo, de la esperanza y la fe en la razón humana a la frustración y la evasión, de la solemnidad a la sátira y a la burla, de la búsqueda de la fama y la perdurabilidad a lo fugaz y banal de la vida, de la exaltación y el canto a la guerra a la búsqueda de una paz retirada, de la multitud festiva a la soledad, de lo estentóreo al silencio y a la paz del campo, de la lucidez a la locura y el disparate, del canto a Carlos III a creerse descendiente de los borbones cuando enloqueció.

Sobre la trascendencia de su obra, ha escrito Jorge Luis Arcos:

"[…] al comparar la poesía de Zequeira con la de algunos poetas españoles que le habían precedido, o con la de los que le eran contemporáneos, así como con la poesía de otros poetas hispanoamericanos, aquélla no desmerece en calidad, y si por un lado acoge una evidente comunidad estética y temática con la poesía neoclásica predominante, y participa tanto de sus logros más sobresalientes como de sus vicios retóricos más comunes, por otro lado logra expresarse a veces con verdadera originalidad, superando a sus modelos peninsulares y a sus pariguales hispanoamericanos.


Su obra literaria, especialmente su poesía neoclásica, sin desdeñar los valores de su prosa costumbrista, no solo inaugura en Cuba la manifestación de esa corriente literaria, sino que constituye a su vez su expresión más significativa. Si bien el neoclasicismo en Cuba e Hispanoamérica resulta una manifestación posterior respecto al inicio y desarrollo del neoclasicismo español, se desenvolverá no obstante con una mayor intensidad temporal, y sus contenidos expresarán, más allá de los convencionalismos y de la retórica de la poesía española, el dinamismo del ideario reformista de una clase productora y de una intelectualidad de origen criollo que necesitaban expresarse y reconocerse socialmente en la literatura. No es casual entonces que Zequeira encarne también al primer escritor que, en Cuba “escribió sistemáticamente con una conciencia de su misión intElectual y del carácter social de la literatura”, como ha observado Enrique Saínz." [ILL, historia de la literatura cubana I, 2002: 70-71]



Hoy, cuando se cumplen 165 años de la muerte de este intelectual cubano, autor de una de las mejores y más vívidas descripciones de La Habana en su texto “Reloj de La Habana”, quiero recordarlo con estas páginas.

Épico, bucólico, disparatado, loco, trasgresor, solemne, burlón, Zequera sigue siendo una asignatura pendiente dentro de la literatura cubana. Amante de La Habana como pocos, cantor de la Bahía de Matanzas al entrar la nave de vapor a Cuba, sigue convocando a la investigación y a la lectura, nos invita a perdernos por los bordes oscuros de la Bahía de La Habana, a releer y reescribir una de las zonas de la historia literaria más descuidada en la tradición crítica de nuestras letras.



FRAGMENTOS DE RELOJ DE LA HABANA, PUBLICADO EN EL PAPEL PERIÓDICO DE LA HAVANA EL 9 DE AGOSTO DE 1801.

A las siete corren por las calles varios escuadrones de cuadrúpedos conducidos por los africanos para llevarlos a beber: estos instantes son de sumo peligro por la insolencia de los conductores, quienes después de visitar las tabernas, gritan, corren y atropellan todo cuanto se les pone por delante.
[...]
A las nueve va creciendo el rumor por todas partes.[...] las plazas se ocupan con las volantes de alquiler, y los caleseros cometen todo género de desorden; las carretas cruzan libremente por las calles, dejando surcos por donde pasa la inmensa mole de sus ruedas, con lo que hacen irremediable la destrucción de los pisos. […]

A las diez de la mañana [...] si la estación es de lluvias, no puede andarse por las calles sin el riesgo de las salpicaduras de los caleseros, y sin temor de sumergirse en las pocilgas o en las lagunas de cieno que decoran nuestra patria […]



SONETO DE FRANCISCO MORÁN INSPIRADO EN LA LOCURA DEL POETA

EL SOMBRERO DE ZEQUEIRA

para pedro marqués de armas

Por la puerta de ayer de Monserrate
traje las joyas y el manto de la piña,
el reloj de la Habana, la lampiña
fuente de la sed y el disparate.

Traje la pompa y el aire que me abate,
el hedor de la muerte, la rapiña,
los ojos asustados de la niña
por un viejo color de escaparate.

Por la puerta de ayer de la Tenaza
llevé el agua a las quintas, la modorra,
los triunfantes despojos habaneros,

e instalé mi locura en las terrazas,
en la ciudad incesante que se borra
cada vez que me pongo este sombrero.

"ODA A LA PIÑA", CORTOMETRAJE DE LAIMIR FANO DE 2008, QUE PARTE DE LA FAMOSA ODA DE ZEQUEIRA PARA CUESTIONAR Y ANALIZAR LOS ESTEREOTIPOS CUBANOS.



ODA "A LA PIÑA" DE MANUEL DE ZEQUEIERA Y ARANGO

Del seno fértil de la madre Vesta,
en actitud erguida se levanta
la airosa piña de esplendor vestida,
llena de ricas galas.

Desde que nace, liberal Pomona
con la muy verde túnica la ampara,
hasta que Ceres borda su vestido
con estrellas doradas.

Aun antes de existir su augusta madre
el vegetal imperio le prepara,
y por regio blasón la gran diadema
la ciñe de esmeraldas.

Como suele gentil alguna ninfa,
que allá entre sus domésticas resalta,
el pomposo penacho que la cubre
brilla entre frutas varias.

Es su presencia honor de los jardines,
y obelisco rural que se levanta
en el florido templo de Amaltea,
para ilustrar sus aras.

Los olorosos jugos de las flores,
las esencias, los balsamos de Arabia,
y todos los aromas, la Natura
congela en sus entrañas.

A nuestros campos desde el sacro Olimpo,
el copero de Júpiter se lanza,
y con la fruta vuelve que los dioses
para el festín aguardan.



En la empírea mansión fué recibida
con júbilo común, y al despojarla
de su real vestidura, el firmamento
perfumó con el ámbar.

En la sagrada copa la ambrosía
su mérito perdió, con la fragancia
del dulce zumo del sorbete indiano
los númenes se inflaman.

Después que lo libó el divino Orfeo,
al compás de la lira bien templada,
hinchendo con su música el empíreo,
cantó sus alabanzas.

La madre Venus cuando al labio rojo
su néctar aplicó, quedó embriagada
de lúbrico placer y en voz festiva,
a Ganímedes llama.

"La piña, dijo, la fragante piña,
en mis pensiles sea cultivada
por manos de mis ninfas; sí, que corra
su bálsamo en Idalia."

¡Salve, suelo feliz, donde prodiga
madre naturaleza en abundancia
la odorífera planta fumigable!
¡Salve, feliz Habana!

La bella flor en tu región ardiente,
recogiendo odoríferas sustancias,
templa de Cáncer la calor estiva
con las frescas Ananas.



Coronada de flor la primavera,
de rico otoño y las benignas auras
en mil trinados y festivos coros
su mérito proclaman.

Todos los dones, las delicias todas,
que la Natura en sus talleres labra,
en el meloso néctar de la piña
se ven recopiladas.

¡Salve, divino fruto! y con el óleo
de tu esencia mis labios embalsama:
haz que mi musa, de tu elogio digna,
publique tu fragancia.

Así el clemente, el poderoso Jove,
jamás permita que de nube parda
veloz centella que tronando vibre
sobre tu copa caiga.

Así en tu derredor jamás Belona
tiña los campos con la sangre humana,
ni algún tirano asolador derribe
tu trono con su espada.

Así el céfiro blando en tu contorno
jamás se canse de batir sus alas,
de ti apartando el corruptor insecto
y el aquilón que brama.

Y así la aurora con divino aliento
brotando perlas que en su seno cuaja,
conserve tu esplendor, para que seas
la pompa de mi Patria.



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