miércoles, 30 de marzo de 2011

PARA BARBARA


Primero fue un descenso,
un vaciar de ojos al amanecer,
una cuesta resbaladiza,
congelada, en que la nieve
era un pálido sofoco,
un sobresalto como páramo pobre
a la hora de Urgel.

Primero fue el rostro,
botticellesco; y los ojos como estanques
congelados, como piedras encendidas,
quebradas, impasibles,
como pozos que a diario,
con gesto estructural, racionalista,
yo agujereaba sin piedad,
por amor.
Porque todo asesinato genuino
es un acto de amor profundo.

Primero fue la yerba especular,
el tímido verdor que precede al otoño,
la sonrisa sobre el agua que fue,
en la tarde,
desvirtuando los contornos,
desajustando las líneas, el perfil,
y dando acceso misteriosamente
a bosques infinitos de rostros y cuerpos sombríos,
archivos clasificados, húmedos,
enmohecidos en la penumbra.

Primero fue un arroyo,
un árbol y la sombra que invitaba
a reposar, a decir.

Y luego las palabras eran bloques,
peñascos ciclópeos;
el silencio era la doble muralla de Tirinto.

Luego la ruptura,
la negación, el Calvario.
Fuimos de árbol en árbol,
de hoja en hoja,
de palabra en palabra
variando enfrentamientos,
golpes, ataques,
esas formas del cariño que solo tú y yo comprendíamos
y que fuimos padeciendo hasta la entraña.

Hasta que la resurrección fue reconocernos,
aceptarnos. Comprender lo extraño del otro.
Explicar lo que no haríamos nunca.
Bajo las formas mansas de tu rostro,
otras líneas, otras aguas, otras olas,
otros vientos encrespados hoy yo miro.

La guerra nos condujo a la admiración,
y la contemplación del otro
engendra posibilidades infinitas.
Nunca nos cansamos de luchar,
nunca nos hemos cansado de luchar.
Solo hemos hecho una tregua,
solo hemos cambiado de armas.

La amistad es eterno enfrentamiento.
Este ataque incesante no premeditado.
Este abrazo en la distancia,
este dolor de no tener con quién intercambiar
las palabras que pesan, como barcos,
como ceibas humeantes.

Primero fue la forma extraña,
amorfa de la luz como espejo en el vacío.
Y luego todo tuvo nombre en la madera de la tarde.
Y de las altas escalas del silencio
vino el agua hacia las profundas sombras.

Primero eras tú,
y unas ganas inmensas de conocerte,
de hablarte,
de bajar a las aguas que,
como ocultos pincelazos de Caravaggio contra la luz,
permanecían indescifrables.

MADRID, MIÉRCOLES 30 DE MARZO.
UNIVERSIDAD AUTÓNOMA.

lunes, 28 de marzo de 2011

VENTANAS



a J

"con qué anhelo contemplo a veces las ventanas."
Kavafis

Una mañana está ahí, como una herida abierta por donde entra la luz. O sales bien temprano a resolver papeles, a burocratizarte, a prostituirte con todo aquello que tienes que comulgar y que no compartes, con todo eso que te hace un ser social, un "hombre serio" que saca cuentas, un zoon politikón, como ya nos decía y bautizaba Aristóteles; y te sorprende la transparencia inusitada, parpadeante del amanecer.

Ella se abre un día y la luz se insinúa por entre la sombra extendida ya durante largo tiempo, el sol alarga una mano temerosa y cálida, lanza una palabra encendida. Y sonríes. Y parece que todo queda más cerca, porque las ventanas saben reconciliarnos con lo perdido, con lo distante.

Y vas acumulando en la vida ventanas como postales. Algunas imaginarias, otras en las que tus manos se apoyaron: Sandino contra la mata de plátano; San Juan frente al almendro; Caimito en la montaña; Regla hacia el tejado pobre; Weimar contra lo imposible; Madrid ante el futuro incierto. Tu propio cuerpo, por el que vi toda la vida, por el que me vino como una espada implacable toda la luz de la isla.

Una mañana te pones en pie, y como si despertaras otra vez en la isla, alguien pregunta si estás ahí. Y una pregunta siempre es una ventana. Y quien pregunta horada muros. Y quien pregunta desea, toca, se acerca. Y quien pregunta llega.

sábado, 26 de marzo de 2011

DOMINGOS VACÍOS


A AMALIA, QUE ME ENSEÑÓ LA CERCANÍA ENTRE LA INFANCIA Y LA LOCURA

Atardece un hombre tras las montañas. Amalia sostiene un puñado de días en sus manos, sentada en su sillón sonríe a aquel que se pone en el horizonte, se mece lentamente, no sabe qué hacer con el día que se le escapa del cuerpo y viene a sumar uno más entre sus dedos.

Amalia responde al llamado de la noche y se disfraza de luna para alumbrar a los hombres, inútiles criaturas que transitan sin saber a dónde.

Amanece el hombre a lo lejos y ella recoge los días que dejó sobre la tierra, los aprieta en sus manos y vuelve al sillón, en el portal. Yo pienso en la soledad de su balanceo, en lo inútil del tiempo, en los domingos vacíos...

Amalia me pregunta cuántos jinetes cabalgan en mis bolsillos y alguien le grita loca.

Será difícil que el silencio de esta noche sea interrumpido por los gritos de los hombres... Amalia se está disfrazando de luna mientras, levemente, yo vuelvo a atardecer tras las montañas.

EN CIUDAD SANDINO, AÑO 2000.

martes, 15 de marzo de 2011

FERIA




Dejas el silencio, la enramada de luz
donde era posible la transfiguración
desde el anonimato, en las márgenes;
en busca de notoriedad,
y encuentras aceite, arroz frito,
una indiferencia ofensiva
como el helado que venden tus compatriotas
por otra moneda, por otro país
negado a cada instante.

Hablas y la llama bífida
engulle tus palabras,
los griegos esquivos no te escuchan,
la música, los pasos, la conversación, el ruido
te inducen otra vez a la orilla,
al desfiladero en que callas,
a lanzarte, hastiado, en la mar canosa.

En estos altos muros que la espuma lame,
por estos túneles pitagóricos y sombríos
de sangre palpitante y colonial,
sobre esta colina que el viento afila
has venido a reafirmar
la imposibilidad del verso.

Calla, tus palabras podrían
confundirse entre las confituras,
calla y deja que el fuego devuelva
el orden a estos lienzos,
a la piedra que alcanzará su anhelado abandono
después de unos días de celebración y escándalo.



Fortaleza de San Carlos de la Cabaña
20 de febrero de 2009

martes, 1 de marzo de 2011

EPIGRAMA



El amor es una vasija de barro
que ayer recogimos en el cementerio

MANÁ



Asumo hace tiempo
prefiero asumir
que el pan lo envía Dios
aunque me cueste cinco centavos

Por eso la libreta como una miniatura
del libro de la vida
en que se marca día a día
las veces que acepto
la levadura ácida
como dádiva celestial

2008