sábado, 22 de enero de 2011

Le imagini degli dei degli antichi o la occulta virtú seminale


(TIFÓN)



Durante la Edad Media, la mitología griega fue reinterpretada bajo la luz, muchas veces, del pensamiento cristiano. Las tres gracias, por ejemplo, eran leídas de un modo semejante a las palabras de Cristo sobre el dar y el recibir, o sobre la parábola del jornalero: la Gracia que está de espalda es el don que entregamos al prójimo, y las dos que nos miran de perfil, que nos dejan ver parte de su rostro, son las dos que recibimos a cambio, lo cual significaría que cuando damos de modo desinteresado, recibimos el doble de lo que hemos entregado. De esa forma la ofrenda, los diezmos, la ayuda solidaria quedaban también reafirmadas por las imágenes mitológicas griegas y paganas.

El cristianismo no dejó de leer nunca la tradición clásica; como es conocido, el mito de Dionisos se relaciona sobremanera con el misterio de la Piedad y el camino de la pasión (del griego pathos: padecimiento, experimentación) de Cristo; el moscóforos fue el punto de partida para la imagen del buen pastor que da su vida por sus ovejas y que sería representación de aquel que dejó las 99 del rebaño en el aprisco para ir por la que se había escarriado. Y así sucesivamente e interminablemente, teniendo en cuenta simbologías, alegorías, etcétera.

Pero durante el Renacimiento, e inclusive a partir de autores como Boccaccio y otros enciclopedistas y amantes de la tradición grecolatina, se rescata la imagen de los dioses, sus referencias, las citas y carácterísticas que de las divinidades dan los autores antiguos y a veces no tan antiguos. La Genealogia deorum gentilium del erudito y grafómano italiano autor de la Divina comedia fue una de sus obras escritas en latín e iniciada en 1350 que se convirtió en punto de referencia enciclopédica obligatorio en cuanto a asuntos de mitología clásica hasta el siglo XIX.

Dentro de los escritores italianos que durante el siglo XVI se dedicaron al rescate enciclopédico de la mitología clásica, destacan Natale Conti (1520-1582) y Vincenzo Cartari (1531-1571). Del primero puede consultarse su Mythologiae publicada por primera vez en Venecia en el año 1567, que se convirtió en una fuente consultadísima durante el Renacimiento tardío. De esta obra de Conti se cuenta con una traducción al español realizada entre 1982 y 1987 por Rosa María Iglesias Montiel y María Consuelo Álvarez Morán.

De Cartari contamos con una obra que trascendió y que llama la atención todavía hoy no solo por el manejo de fuentes antiguas y contemporáneas, sino por las tan acabadas y hermosas imágenes con las que fue ilustrado el texto. El título de la obra fue Le imagini degli dei degli antichi. De modo ekfrástico, las imágenes dialogan con el contenido y las interpretaciones que se hacen de los atributos y características de las divinidades. Vamos de dioses como Zeus o Pan a otros más abstractos como la Victoria o la Fortuna. En algunas imágenes se descubre la influencia escultórica renacentista, en la delicadeza de la figura, en la depurada curva praxitélica, en la armadura, en los elementos arquitectónicos.


(HIMENEO)




Algunas divinidades, principalmente Apolo, aparece con una aureola, lo cual lo relaciona mucho con la iconografía de los santos cristianos:


(ZEUS)

En algunos casos podemos ver cómo se llevó a cabo la censura en pasajes e imágenes indistintamente. Elementos de carácter sexual que hoy podrían parecer hasta inofensivos, eran tachados con tinta en dibujos y palabras. Tal es el caso de lo que sucede con Príapo:



Texto censurado (tachado con tinta): “& con la sinistra il membro naturale dritto e disteso, perche la occulta virtú seminale viene da lui”: (trad.) "con la (mano) izquierda el miembro natural derecho y duro, porque la oculta virtud seminal viene de él”.




En el caso de Venus, aparece una página completa tachada con tinta en el ejemplar consultado correspondiente a la edición de 1581:



La representación de Hermes va, en las distintas ediciones, de la censura con tinta de los genitales, la desaparición de los mismos en otras ediciones posteriores, o algún elemento como una capa o un manto que los cubra:


(HERMES EN LA EDICIÓN SIN CENSURA- 1609)





(HERMES CON LOS MIEMBROS SIN PINTAR- 1581)

Otros lectores-censores tapan con tinta los genitales en esta misma imagen.


(HERMES EN LA EDICIÓN DE 1609 CON LOS MIEMBROS VISIBLES)




(EN LA EDICIÓN DE 1581, EL ILUSTRADOR USA EL PLIEGUE DEL MANTO PARA TAPAR LAS PARTES)




(TINTA "SANADORA" USADA POR UN RECEPTOR-CENSOR)



También, de una edición a otra, estos ilustradores anónimos copian, varían, imitan y emulan con los referentes. Principalmente, uno de los cambios más visibles entre la edición de 1581 y la de 1609 es que en la segunda abundan los elementos arquitectónicos y los espacios cerrados, mientras que en la edición de 1581 generalmente las escenas son en exteriores y, aunque hay elementos arquitectónicos, estos no son tan abundantes como en la de principos del siglo XVII. Veamos algunos ejemplos:


(JUNO EN LA EDICIÓN DE 1581)





(JUNO EN LA EDICIÓN DE 1609)





(HÉCABE EN LA EDICIÓN DE 1581)





(HÉCABE EN LA EDICIÓN DE 1609)





(EL DIOS SOL EN LA EDICIÓN DE 1581)





(EL DIOS SOL EN LA EDICIÓN DE 1609)

Otro elemento que diferencia a los ilustradores es la más libre representación del cuerpo humano que hace el dibujante de la edición de 1609, mientras que en la de 1581 se intentan velar las partes pudendas a causa del moralismo de una parte de la sociedad y del pensamiento conservadurista de la época.

Cuando veo a los dióscuros con armaduras caballerescas; cuando Zeus, Eros, Apolo o una sirena (cualquiera de ellos) aparece con un violín y no con una cítara o un arpa como símbolo de la poesía; o Baco se muestra en medio de su séquito con traje de la realeza del siglo XVI y hombreras de tigre, o el Sol se sienta en medio de un decorado a lo Medicci; pienso en Fedra a quien Racine describe con vestidos franceses, con esos velos y adornos que le pesan tanto al inicio de su intervención; pienso en Medea tomando un tren o un metro, en Antígona con uniforme de colegiala discutiendo con su hermana; pienso, en fin, que tanto en plástica como en literatura, hemos variado el arsenal mítico y literario clásico, hemos mantenido viva esa argamasa enorme, cambiante; hemos versionado, asimilado, trasgredido (como mismo hicieron Esquilo y Virgilio) a la luz de nuestras vivencias, de nuestro entorno, de nuestras ideas, nuestros prejuicios y también nuestras limitaciones.

Para algunos moralistas, lo que le hubiese costado el destierro y la muerte a Alcibíades (la mutilación de los penes de los Hermes del camino) era lo correcto. Por suerte en este caso, los tiempos cambian, cambiaron de Alcibíades a San Agustín y han vuelto a cambiar de San Agustín a nuestros días. Porque estoy en contra de todas las mutilaciones. Prefiero la recreación artística, la trasgresión creadora y no la censura obcecada. Es un asunto de credo menos excluyente y muy antimpositivo.

















1 comentario:

  1. Enhorabuena por el blog y por entradas tan interesantes como esta.
    Resulta muy interesante ver el cambio estético de las imágenes de la edición de 1581 a la de 1609, un excelente ejemplo del paso del Renacimiento al Barroco.
    http://elfilologoenlared.wordpress.com

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