sábado, 18 de diciembre de 2010

Viendo patinar a Javier Fernández como Jack Sparrow




Con las manos contra el hielo invisible,
hunde el pecho, se sumerge y se alza luego poseído,
acuchillando el vacío, irreverente, con su cuerpo,
como un guerrero de espadas talonarias,
de dardos nevados que escriben en la helada
un mensaje, el dibujo, algún discurso desconocido,
doloroso como todo lo impenetrable.

Desafía el polvo congelado que levanta
y no teme a la falta de equilibrio, sigue,
arremolina el mal paso, lo despeina, lo aplasta.
Elfo ebrio en la velada, Alceo de patines afilados, luciféricos,
inevitablemente bebiendo en una guardia,
espontáneo y seguro como un dios.
Contra el viento, en la altura desafiante, su cuerpo arde.

Construye el paisaje golpe a golpe;
como una aparición órfica, demiúrgica,
describe montañas, árboles,
violenta los colores de la nada,
la monótona textura de la luz
y se alza con epicidad desconocida,
en violentos tajos contra el agua.

Baila, bebe, ataca.
Baco hispano, guerrero volcánico de Los Pirineos,
pirata desvergonzado en invierno, negociador corrupto,
vuelve a la vida como salido de un viaje en alta mar,
sonríe, palpita entero y desde el oriente de su mirada
lanza una sonrisa irresistible de corsario vencedor.

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