domingo, 14 de noviembre de 2010

El homenaje a Ritsos de Heberto Padilla


Cuando se habla de las relaciones entre la literatura cubana y la literatura griega moderna, se hace énfasis con frecuencia en Kavafis o Seferis dentro de la obra de los poetas insulares más jóvenes; y de Ritsos entre los escritores que pertenecen a la conocida como “generación del cincuenta”. En el centenario del nacimiento de Yannis Ritsos (1909-1990), se realizó un conversatorio en La Habana sobre la vida y la obra del poeta dentro de la celebración del III Congreso Internacional de Filología y Tradición Clásicas. Dos años antes, en 2006, el Instituto Cubano del Libro homenajeó al poeta griego en conmemoración de los cuarenta años de la visita de Ritsos a Cuba.

El autor de “Helenidad” visitó la Habana en septiembre de 1966. Cuarenta años después, en el Centro Cultural Dulce María Loynaz, el Premio Nacional de Literatura César López rememoraba el encuentro de los entonces jóvenes escritores cubanos y el poeta griego: su desenfado, su sentido del humor, las tardes compartidas y las conversaciones sobre literatura o cualquier otro tema.

De esa visita y entre los años 66 y 67 del siglo XX, surge el intercambio poético y traductológico recíproco entre Guillén y Ritsos. En 1966, antes que fuese publicado en español, Ritsos traduce al griego El gran zoo de Nicolás Guillén; y en 1967 por primera vez se dan a conocer en lengua española algunos poemas de Ritsos traducidos por Guillén a partir de la versión francesa y publicados en la revista Bohemia ( La traducción de Guillén puede leerse en: http://interclassica.um.es/investigacion/hemeroteca/e/erytheia/numero_4_1984/nicolas_guillen_diez_poemas_de_yannis_ritsos ).

Hasta aquí lo más conocido sobre esa visita. Cuando reseñé la edición en la Colección Sur del Festival Internacional de Poesía de La Habana del cuaderno Doce poemas para Kavafis de Ritsos en la revista La siempreviva ( Véase en: http://www.cubaliteraria.cu/articulo.php?idarticulo=9180&idseccion=31 ), no recordé tampoco, al hacer un rápido catálogo de las interrelaciones culturales greco-cubanas, aquel homenaje que dio Padilla al autor griego en su tan polémico poemario Fuera del juego.

Las correlaciones históricas, determinadas relaciones paradigmáticas llaman muchísimo mi atención. No era la primera vez que un autor griego contemporáneo o la situación griega reflejaba o dialogaba con la situación cubana. También en el siglo XIX, durante la guerra por la independencia griega en la que participó directamente Lord Byron, poetas como Heredia y Luaces se sintieron inspirados. Otra vez venía a ser Grecia, como lo demuestra “La caída de Misolonghi” de Joaquín Lorenzo Luaces, reflejo e imagen de la situación cubana, inspiración y encauce de los sentimientos independentistas del autor.


Pero Padilla no oculta, como Luaces, ninguna pretención o idea a través de la historia griega. El encarcelamiento de Ritsos por su forma de pensar, despierta en el poeta cubano la interpretación de que el escritor se vuelve algo incómodo, por su praxis de pensamiento, dentro de cualquier tipo de gobierno. Los ejemplos sobran dentro de la historia universal. Y hay de todo, desde autores que se pliegan al poder (lo cual no impide que muchos critiquen y que enjuicien determinados comportamientos con los que no están de acuerdo) como Anacreonte, Píndaro, Calímaco, Horacio, Virgilio, Petronio; y otros que son sacados “fuera del juego”, como es el lamentable caso de Ovidio durante el gobierno de Augusto, cuyos mea culpa incesantes en sus Tristes y Pónticas no le valieron de nada ni siquiera para que fuese cambiado de lugar en el destierro que duró hasta su muerte.

Del mismo modo que Ritsos hace de Kavafis una imagen del poeta en sentido general, Padilla ve en Ritsos la culminación de ese proceso que lleva al escritor o al intelectual hacia los márgenes, a un sótano de una biblioteca en Marianao o a la UMAP, como luego se encargaría de demostrar el gobierno que había triunfado en 1959 en Cuba.

Si existen hombres como Miguel Hernández o Pablo de la Torriente Brau, o el mismo Lord Byron que ya mencioné, que llevan a cabo lo que proponía el Quijote en su discurso sobre las armas y las letras, no es en sentido general la labor del poeta ir a la guerra, esa es la tarea del ejército, pues el campo de batalla del escritor es otro y los fallidos intentos de Zequeira y de Martí en la historia de la isla trágicamente lo evidencian.

Lamentablemente en Cuba se enseña que la guerra, si la hubiese, debe ser “la guerra de todo el pueblo”, porque “todo cubano tiene que saber tirar y tirar bien”, como se lee todavía en carteles por todo el país; cada graduado universitario es, supuestamente, después de los detestables ejercicios de Defensa durante el bachillerato y la universidad, un combatiente con grados militares; dentro de esa pseudapaideia tropical semiespartana, cuando un religioso o un intelectual, o simplemente un ciudadano que piensa de una manera distinta decide no participar de semejantes tareas, entonces comienza a estar fuera del juego. La UMAP pretendió ser el modo de erradicar y la forma de insertar a los que no estaban “listos” para formar parte del movimiento revolucionario. Por suerte, a día de hoy, muchas cosas han cambiado.

A Antón Arrufat, por decir que la verdad no está exactamente de un lado o de otro, que la razón no está en el que se queda o el que se va, sino que hay parte de culpa y parte de razón en cada uno, lo sacaron “fuera del juego”. Oponiéndose bochornosamente a las obras de Arrufat y de Padilla, el gobierno cubano hacía evidente lo que el propio Padilla expresaba en su poema que da nombre al libro ganador del premio Julián del Casal en 1968.

Ese texto que da título al cuaderno está dedicado a Yannis Ritsos, y la dedicatoria reza: A Yannis Ritzos (sic), en una cárcel de Grecia. Poco después de haber visitado Ritsos La Habana, cayó en prisión en su propio país, en su propia patria, una vez más. Después de haberlo conocido, de estar en contacto con las ideas del poeta, de compartir con el militante que había luchado al lado del Partido Comunista Griego en contra de la ocupación nazi en Grecia durante la segunda guerra mundial, con el hombre que por sus ideas estuvo recluido en varios campos de concentración entre 1948 y 1952 durante la Guerra Civil Griega; a los poetas cubanos tuvo que conmover la noticia de su nuevo encarcelamiento en el año 1967 a manos de la nueva dictadura impuesta sobre el suelo heleno.

Apenas pasadas dos horas de tomar el poder en Grecia, el 21 de abril de 1967 Yannis Ritsos era sacado “fuera del juego” también por ser un intelectual, un pensador, un comunista, un agitador popular peligroso para el nuevo gobierno. Fue recluido en la cárcel de una isla griega. Pero lo que presenta Padilla, desde la vivencia cubana, en estos versos es precisamente la visión del otro tipo de intelectual, no tan militante, no tan “comprometido”, escéptico, en su mundo, ensimismado, pensante, retirado de la muchedumbre. Y lo que parece estar diciendo Padilla es que ya sea a favor o en contra, llámese Yannis o Heberto, Horacio u Ovidio, en Cuba o en Grecia, bajo el comunismo u otra forma de gobierno, el poeta incomoda, el intelectual desajusta con su manía de criticarlo todo, y hay que sacarlo del juego.

Dígase de una vez: Padilla no se está saliendo de la lucha, no se está declarando fuera del proceso que vive la Cuba de los años 60. Padilla sabe que por decir y escribir su verdad el poeta será recluido y juzgado. Su voz, como la de todo poeta legítimo, es profética. Tanto, que sus versos malditos, condenados serán solo el anuncio de lo que ha de vivir la Cuba de los años setenta. En el mismo poemario lo declara:

POÉTICA

Di la verdad.
Di, al menos, tu verdad.
Y después
deja que cualquier cosa ocurra:
que te rompan la página querida,
que te tumben a pedradas la puerta,
que la gente
se amontone delante de tu cuerpo
como si fueras
un prodigio o un muerto.

Padilla parece decirle a Ritsos que ya sea militando y voceando, o escribiendo desde casa, cavilando sobre su entorno, el poeta, como lo había declarado Platón muchos siglos atrás, ha de ser expulsado de esa República ideal que también se quería construir en Cuba. Los versos de Padilla son poesía comprometida, poesía social, mal que les pese a muchos, y el texto "Poética" así lo evidencia; de la mejor que se ha escrito en Cuba. Y es que toda Poesía tiene un compromiso y expresa una visión del ambiente que vive su autor. Si como Celaya plantea en uno de sus poemas, “la poesía es un arma cargada de futuro”, los versos de Padilla preludian lo que habría de padecer el propio poeta en el proceso posterior.

Hoy en las aulas universitarias cubanas se leen y se estudian autores como Heberto Padilla, Reinaldo Arenas, Severo Sarduy. Algo se ha avanzado. Pero mientras exista el radicalismo en cualquier lugar del mundo, mientras haya intolerancia y esquematismo en cualquier forma de pensamiento, mientras algunos quieran imponer su forma de pensar por encima de lo que otros piensan, mientras algunos crean que la verdad que proclaman les permite aplastar otras posibles verdades; estos versos seguirán teniendo vigencia y amargo sentido:

FUERA DEL JUEGO

A Yannis Ritzos, en una cárcel de Grecia.

¡Al poeta, despídanlo!
Ese no tiene aquí nada que hacer.
No entra en el juego.
No se entusiasma.
No pone en claro su mensaje.
No repara siquiera en los milagros.
Se pasa el día entero cavilando.
Encuentra siempre algo que objetar.

¡A ese tipo, despídanlo!
Echen a un lado al aguafiestas,
a ese malhumorado
del verano,
con gafas negras
bajo el sol que nace.
Siempre
le sedujeron las andanzas
y las bellas catástrofes
del tiempo sin Historia.
Es
    incluso
                anticuado.
Sólo le gusta el viejo Amstrong.

Tararea, a lo sumo,
una canción de Pete Seeger.
Canta,
            entre dientes,
                                    La Guantanamera.
Pero no hay
quien lo haga abrir la boca,
pero no hay
quien lo haga sonreír
cada vez que comienza el espectáculo
y brincan
los payasos por la escena;
cuando las cacatúas
confunden el amor con el terror
y está crujiendo el escenario
y truenan los metales
y los cueros
y todo el mundo salta,
se inclina,
retrocede,
sonríe,
abre la boca
                     “pues sí,
                     claro que sí,
                     por supuesto que sí...”
y bailan todos bien,
bailan bonito,
como les piden que sea el baile.
¡A ese tipo, despídanlo!
Ese no tiene aquí nada que hacer.

6 comentarios:

  1. Los "jóvenes" poetas insulares (habría que precisar el marco) no conocen ni mencionan tanto a Seferis (me temo que muchos ni siquiera lo entienden, por la profunda afinidad del griego con la poesía simbólica), sino que se identifican más con Kazantzakis y fundamentalmente con Elytis. Tampoco olvidan a Ritsos, a pesar de que no es la militancia cívica la que los atraiga, algo que sí preocupó a generaciones anteriores. Los de "mayor edad" tampoco han descartado nunca a Kavafis, ese descarte se antoja imposible para todo el que se acerca a la poesía griega contemporánea. Y pasas por alto otra influencia notable que incidió en la obra de todos los griegos mencionados: Karyotakis, otro gran olvidado.
    Y te lo dice alguien que hizo su trabajo de curso sobre Seferis en 1998, cuando no había NADIE que lo hubiera mencionado ni tenido en cuenta previamente para ningún estudio o texto poético. Recuerdo un encuentro sobre poesía griega en los predios de la FAyL, donde Basilia Papastamatíu abordó la obra de algunos de estos escritores (fundamentalmente Elytis y Ritsos, a quienes ella admiraba profundamente), y a muchos de mis compañeros les resultó música celestial escuchar por primera vez sus nombres. Le pregunté a Basilia por Seferis, le dije que estaba estudiándolo, y me comentó que siendo un gran autor, era bastante desconocido en el ámbito hispánico. Me consta que ni siquiera había llegado a Cuba la versión española de "I Sterna", de quien conservo un fragmento manuscrito del trabajo que le dediqué. No sé cómo habrá transcurrido la historia luego, pero hasta 2002, éramos muy pocos los que conocíamos de esos nombres, y la mayoría porque nos dedicamos a escarbar en la poesía griega contemporánea, que era bastante desconocida. Así que me sorprende esa periodización inicial que planteas.

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  2. Agrego, al terminar de leer tus líneas, un detalle final: a finales de los 90, hace más de diez años, también se estudiaba en las aulas universitarias cubanas autores como Padilla, Sarduy o Arenas. Creo que dependía mucho del profesor o profesora que tuvieras delante, muchos profesores no tenían reparos en trabajarlos, y los honra ese respeto y esa forma de acercarse al hecho literario sin contaminaciones ideológicas ni órdenes superiores. Recuerdo que debatimos el "caso Padilla" en Historia de Cuba y en Literatura Cubana. Que estudiamos De dónde son los cantantes, de Sarduy. Y también Celestino antes del alba, de Arenas. Lo hermoso habría sido haber podido estudiarlo todo, pero ya tuvimos puntos de avance entonces, no sé si se ha ido más allá porque ya desconozco el plan de estudios actual. Y ojo, lo que estoy defendiendo es la decisión de una serie de profesores -que se convirtieron en ejemplos para mí, que luego me enfrenté al aula- a la hora de organizar los programas de las asignaturas que impartían.

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  3. Arte y Literatura en Cuba publicó una amplia antología (casi 300 páginas) de poetas griegos del siglo XX y Castillo Didier en Chile se ha encargado de estudiar, propagar y presentar a muchos poetas griegos contemporáneos, muchísimos. Hay un poeta cubano que se ha dedicado a traducir y versionar libremente a poetas griegos contemporáneos, su nombre es Jesús Losada, creo. La visita de Ritsos a Cuba hizo que los lectores cubanos se acercaran un poco más a su obra y a la de sus coetáneos. A Kazantzakis no se le conoce en Cuba prácticamente, a no ser por el cine, pero no creo que sea uno de los autores más leídos; y no es su obra poética o épica la que más se conoce, ni siquiera su teatro, sino su obra narrativa: El que debe morir, Zorba y La última tentación de Cristo, pero eso ha llegado más por las versiones cinematográficas que por la lectura de su obra. Eso sí, los filmes ha hecho algunos pocos interesados vayan a las novelas del griego.

    Los nóveles de literatura en el 63 y en el 79 para Seferis y Elytis, respectivamente, volvieron a llamar la atención sobre la poesía griega a nivel mundial. El de Seferis coincide en cercanía con la visita de Ritsos a Cuba. Aunque no sea tan evidente en los autores cubanos la huella de estas lecturas, cuya excepción es sin dudas Kavafis, desde los años sesenta en Cuba y en la lengua española la lectura de estos autores es cada vez más promovida y frecuente.

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  4. Son los años noventa el momento de la apertura y el período de rescate de muchas obras que fueron prohibidas en años anteriores, aunque desde los ochenta esto comenzó a suceder. Hoy también se hacen tesis de grado y doctorales en las universidades cubanas sobre estos autores. Se publican artículos sobre sus obras en algunas revistas, aunque no es la generalidad. Sarduy y Arenas han sido tema de más de una tesis tanto dentro como fuera de la Facultad. Sigue dependiendo del profesor, pero, en sentido general, no hay ningún problema o prejuicio de hablar sobre la obra de estos. Recuerdo una conferencia de G. Pogolotti en el ICL sobre Cabrera Infante, nada complaciente, pero el caso es que se habla de la obra de estos.

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  5. La antología de Arte y Literatura es, por cierto, de 1998, y fue hecha por la traductora griega Nina Anghelidis y por Carlos Spendi.

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  6. Por partes: Conozco la edición de Arte y Literatura, que salió después de mi trabajo. La tuve en mis manos, y de hecho la propia Basilia en dicha conferencia de 1997 (a raíz de los primeros encuentros del Grupo de Estudios Helénicos, al cual pertenecí fundamentalmente porque este era un campo temático que me interesaba, el de la poesía griega contemporánea) habló de "trabajos próximos". De Seferis no había nada conocido en el país; era un autor subestimado en Cuba, Nobel aparte, por la temática de su obra, también por el hermetismo, del mismo modo que ese tipo de poesía fue marginado del discurso poético hegemónico durante una enorme cantidad de años. No hablo de literatura española ni hispanoamericana porque no domino un campo tan grande en un período de tiempo tan abarcador y dudo mucho que alguien tenga la capacidad de hacerlo como para generalizar. Es evidente que en España, instalada en el contexto europeo, las influencias de estos poetas fueron mucho más marcadas que en Cuba, una isla envuelta en un proceso social convulso. Pero a Cuba, amigo, Seferis no llegó. Recuerdo conversaciones con esos "jóvenes" poetas en quienes seguramente piensas donde sí me confesaban haber leído -y muy bien- a Kazantzakis. O al menos lo que habían podido acceder de Kazantzakis. De Seferis no se conocía nada. Que hagas lecturas a día de hoy donde se revelen nexos intertextuales no quiere decir necesariamente que se encuentre una huella notable, aunque ya sabes que pienso que buena parte de la representación griega en nuestra cultura parte en muchos casos de una impostación o afectación. Son pocos los que la conocen a fondo, contados con los dedos de la mano, podría agregar. No se puede decir que Kazantzakis sea de los más leídos, pero tampoco Seferis, y hablo con conocimiento de causa: debí publicar mi trabajo en su momento. Tampoco es leído con fruición Elytis, ni Ritsos. El amor por la poesía griega contemporánea sigue siendo minoritario, y si se lee Kavafis ha sido porque socialmente se convirtió en portador de un discurso de identidad que comulgaba con buena parte de los poetas que escribieron en los años noventa. Tengo una excelente amiga y compañera de clase que sí leía griego moderno, y sí me pasaba obras (traducidas al español) de autores del XX.
    Lo otro es sobre los profesores: los que yo tuve, jamás utilizaron textos de autores censurados para desacralizarlos. No se prestaban a ese juego político, aunque tuvieran su propia ideología. Pero uno no enseña literatura para evangelizar en ningún credo, por eso los sigo honrando hoy.

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