jueves, 28 de octubre de 2010

POEMA I DE CAYO VALERIO CATULO


Cayo Valerio Catulo es, por más de una razón, un ser poéticamente desenfadado y adelantado. Al azar debo que el inicio de esta sección de traducciones sea con el poema que encabeza sus poesías, texto que, como era costumbre entre los antiguos, era el último que un autor componía.

Se aprecia en él desde los dos primeros versos dos características propias de la poética del escritor latino: el dialogismo y los esbozos de una poética, de una actitud ante la creación, de una directriz que sus versos dialogados revelan si se lleva a cabo una lectura detenida. En la piedra pómez, en ese áspero y poroso producto de las erupciones volcánicas está uno de los antecedentes de lo que bautizará Horacio como labor limae en su carta a los Pisones (conocida como Arte poética), que habla de esa continuada labor de pulimentar el texto, el cuerpo del poema hasta que quede limpio de todo desperdicio, de toda hojarasca.

Los poetae novi, de los cuales Catulo ha quedado como el principal representante, pretendieron crear una poesía acorde al gusto helenístico: docta, sencilla, miniaturizada, culturalista, etc. El nombre les viene de una carta de Cicerón en la que el gran orador los llama neoteroi para burlarse de ellos, como ha sucedido en la historia más de una vez: piénsese en los nombres de “impresionistas” y de “estudios queer” que tienen una génesis semejante. La procacidad, la libertad en el uso del lenguaje propia también del epigrama helenístico la encontramos en otra parte de sus poesías, línea esta que enriquece y pluraliza su espectro poético.

Catulo va de la grosería al amaneramiento y el refinamiento mayores, de la ironía terrible y suspicaz a la dulzura y a las más simples ternezas, del amor y la pasión desenfrenados al odio despiadado e implacable, de la sencillez de sus poemas más cortos a largos textos escritos en hexámetros y de carácter culturalista y mitológico.

El canto a la amistad sincera, a la devoción y a la entrega por el amigo es otro de los tópicos catulianos que descubrimos en estos versos que hoy traduzco. Recuérdese el poema escrito en la muerte de su hermano o los hermosos versos que dedica al regreso de su estimado Juvencio. Cornelio Nepote fue un escritor de la República dedicado a la reconstrucción y escritura de la historia de Roma. Aquí está el segundo contraste propio de la poesía helenística que continúa el primer paralelismo entre la piedra pómez y el pequeño libro de versos. Catulo le ofrece a su amigo historiador su cuadernillo poético, mientras el otro se dedica a la magna obra de abarcar toda la historia de la estirpe romana. La miniatura ante lo enorme y descomunal; el verso y la lírica ante la prosa histórica; el cupidillo ante el Coloso de Rodas.

El poeta opone su “librito” (libellum) que califica como “gracioso” (lepidum) y “nuevo” (novum) y que equivale luego a lo que llama “mis simplezas” (meas nugas), a los tres volúmenes (tribus cartis) que son doctis y laboriosis y escritos por su amigo Cornelio; el mismo novum referido lo opone al “ya entonces cuando” (iam tum cum); al Júpiter soberano de Cornelio y su obra opone la patrona virgen a la que ruega; su sencillez y entrega contrasta con el “osado” amigo, el “único” (ausus unus). Desde esa simpleza, desde esa humildad y desde la modestia propia de la época y de la retórica común, Catulo pide que sus versos perduren por sobre los años. Luego Horacio, en un giro de continuidad e inversión de esta petición a la patrona virgo, proclamará, de modo rotundo y sin previo ruego:


Terminé un monumento más perenne que el bronce
y más alto que las regias Pirámides
al que ni la voraz lluvia ni el impotente Aquilón
podrán destruir, ni la innumerable
sucesión de los años, ni la huida de los tiempos.


Pero esta será, tal vez, una próxima traducción. Sin más dilación, el poemita de Catulo, aquel hombre que trató con ironía a Cicerón y que se burló de César en los versos que los romanos escribían en los baños y recitaban en las calles.

I

Cui dono lepidum novum libellum
arida modo pumice expolitum?
Corneli, tibi: namque tu solebas
meas esse aliquid putare nugas
iam tum cum ausus es unus Italorum
omne aevum tribus explicare cartis
doctis, Iuppiter, et laboriosis.
Quare habe tibi quidquid hoc libelli
qualecumque; quod, o patrona virgo,
plus uno maneat perenne saeclo.


TRADUCCIÓN:


¿A quién regalo mi gracioso librito nuevo
recién pulido con tosca piedra pómez?
Cornelio, a ti: pues tú solías
estimar que mis simplezas eran algo
ya entonces cuando fuiste el único osado de los ítalos
en explicar toda la historia en tres volúmenes
doctos, por Júpiter, y difíciles.
por lo cual ten para ti el contenido del librito, cualquiera que sea,
como quiera que sea; para que, oh patrona virgen,
permanezca más de una generación perenne.


lunes, 25 de octubre de 2010

ALAMEDA DE PAULA



A Dashiell Hernández

Dobla las manos al vacío
como si fuera el último gesto
que izamos en la tarde nacional

Olvida por un instante el café
siente cómo pasan los muertos
de la patria
por el pasillo colonial
que dejan nuestras palabras

Respira durante unos segundos
sobre el banco que nos enfrenta al mar
la callada destrucción prematura de la isla
el muelle de luz
desaparecido con el sombrero
que nos hará invisibles al caer la noche

Aspira tu porción de salitre
y palpa la tarde que
como un altar que el empleado apaga
guarda sus ídolos rotos hasta el amanecer

domingo, 24 de octubre de 2010

ANTES DEL ÉXODO. PLAGAS


X

El primogénito de la mujer
que vive tras el molino
ha visto a la familia hebrea
matar un cordero perfecto
mojar un hisopo en la sangre
poner una señal
sobre el dintel de la puerta

El hijo de la molinera
no ha comprendido el ritual
pero hubiese ofrecido un animal a Jehová
si las plagas sucesivas no hubieran destruido
todo el ganado de su familia

Deseaba pintar su puerta con sangre
anunciar también
aunque fuese egipcio
la dádiva lejana y oscura que lo hacía estremecer

A media noche
su cuerpo tembló como un cordero blanco
ante el ángel de la muerte