martes, 13 de julio de 2010

DÁDIVA*




Tras el heno encendido de la noche
una lámpara que alarga mis dedos
escuálidos reptiles de argamasa y sombra

Tus palabras queso frío sobre la mesa
o ladrillos silenciosos y ensangrentados
con los que diseñabas un camino

Para quién erigías
solo acodado en ti
inaccesible
como esos ídolos en óleo
que penden de la noche
escalera vertical
lengua cuadrada

No sabías que la lámpara y un abrazo
que forjases con la tiniebla de tus manos
podían preservarme

Queda la muerte en mí como sol
voz de reina deseo


Ahora vislumbro
todo el horror es una gota
transparente en las ramas

Es la muerte el don más acabado
que un hombre puede ofrecer a otro hombre



* Recuerdo que fue un 5 de enero de hace ya cinco años, qué horror, cuando leí este poema en el Instituto Cubano del Libro, invitado por Basilia a su espacio Aire de Luz. Pero él no llegó nunca a escucharlo, y yo miraba como un tonto hacia la entrada del jardín interior del Palacio del Segundo Cabo, y guardaba el poema para el final. Las personas importantes casi siempre llegan tarde. O no llegan. Pero queda el poema, como una fina tela que lanzamos sobre la ausencia.

1 comentario:

  1. Oiga es muy bueno el poema, también la nota, esperar en ese momento es una ansiadad, pero tiene la belleza de darle razón a lo que vives y en eso has ganado, con el poema que queda.

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