jueves, 14 de enero de 2010

Manera de decir chapeau*




A Nara Araújo

Una mujer que ha visto un árbol resplandeciente en mi sonrisa
me lo ha dicho sin el menor rubor,
académicamente,
como cuando hace su lectura comentada del Fedro.

Y me arregla el cuello de la camisa
al saludarme en el pasillo de la Facultad
o se ocupa de cómo visto,
de qué me pongo para asistir a clases.

Una mujer con cadenita dorada en el pie
coquetea maternalmente,
doma mi discurso nervioso,
mis voces encrespadas,
parpadea y acomoda el mentón sobre la mano
cuando pido la palabra en clases.

Una viajera de pasos lentos,
de pensamientos largamente meditados,
de pose y finos ademanes,
negada a que el alfiler la inmovilice
tras el cristal del museo.

Una mujer que ahora mismo,
como si hubiese perdido el hilo de la conferencia
a causa de alguna interrupción
o de algún comentario al margen,
emprende el camino
que los antiguos llamaban de las sombras.

Su rostro pensativo, sosegado
como el pétalo de la magdalena en el té
se multiplica en ondas de sucesivas transparencias,
crece como otra idea en la caverna
y requerida nuevamente,
antes de que baje las escaleras y la pierda otra vez de vista,
fija en el estudiante toda su atención y vuelve a decir
a ver, Yoandy, dígame.

14 de enero de 2009




* Hoy se cumple exactamente un año de la desaparición física de la profesora y ensayista Nara Araújo. Este poema, junto a los recuerdos de otros jóvenes discípulos de Nara (Ariel Camejo y Jamila Medina) y a algún fragmento de memorias de la autora salieron publicados en la revista Upsalón de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana en la sección de Reescrituras. Sirva este texto como humilde homenaje a la imagen que conservo de ella.

2 comentarios:

  1. Este poema no se parece absolutamente a nada de lo que has escrito antes o que yo hubiera leído tuyo. Me ha sorprendido gratamente el tono coloquial, se me hace mucho más cercano a ti, más "auténticamente" tú. Si quieres te doy un par de consejos en privado. Un formidable salto, sin dudas. Por lo menos, desde mi punto de vista y mi sensibilidad.
    Yo, en cambio, nunca tuve trato con Nara, aunque sí muchos amigos comunes, y varias veces nos tropezamos en los pasillos e intercambiamos algunos saludos monosílabos.

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  2. Gracias, Félix, viniendo de ti, este comentario es una sorpresa muy grata. Eres el más exigente lector que conozco, así que claro que quiero tus consejos. Esto fue lo que despertó Nara en mí y lo fui acumulando hasta que su muerte lo sacó a la luz.

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