martes, 15 de diciembre de 2009

Tragémata y poesía en Eléctrico Ardor: “in vino veritas”



No hubiéramos logrado poner las “klinai” griegas, ni las enormes fuentes de viandas y carne que eran cotidianas en las reuniones de la Grecia Clásica (de haber contado con ellas), por entre las que se paseaba, para escándalo de las atenienses, Aspasia de Mileto. Apenas había lugar para una mesa y el picoteo de algunos frutos secos, que los griegos llamaban “tragémata”. Y para el vino, claro. “In vino veritas”, “en oíno aletheia”, como escribió Alceo. El soldado Arquíloco bebiendo para olvidar la guardia que le espera, Safo brindando con sus muchachas entre manzanas y guirnaldas de flores mientras entonan algún himeneo, Anacreonte medido y exacto en la mezcla de agua y vino, Horacio pidiendo una copa más bajo el delicado mirto... Y así, en una especie de “gamós” milenario, el vino y la literatura, el banquete y la conversación, la “hedoné” y la poesía se dieron cita apretada en Eléctrico Ardor.



En mis primeras incursiones por Madrid, perdido por Pelayo y de la mano de un amigo mexicano a quien debo tal descubrimiento, llegué a la librería. Borges, Severo Sarduy, Todorov, Virginia Woolf, Roland Barthes, Lorenzo García Vega fueron algunos de los nombres que fui viendo desde fuera y que me hicieron entrar a curiosear un poco. Le comenté a mi amigo sobre el grupo Orígenes, sobre el papel de García Vega en el mismo, la importancia de ver el otro lado de la historia, la otra versión, el anverso o la contraparte de la “teleología insular” que pretendió fundar Lezama. Al escuchar mis comentarios, Alicia se acercó y entonces iniciamos el diálogo. Una argentina ágil, lúcida, atenta. Y luego vinieron las coincidencias, las conversaciones sobre el teatro cubano, sobre la poesía de Casal, los autores y estudiosos de la isla que son amigos y colaboradores de la librería. De modo que desde el principio Eléctirco Ardor se me reveló como una koinización en pleno centro de Madrid. Una librería en que convergen títulos de distintas latitudes, continentes; lectores de origen variadísimo, de temas múltiples: de la teoría literaria al fascismo, de lo “políticamente correcto” a una biografía de Lorca. Y buenos títulos. Parece que dentro de sus líneas de comercialización, se prioriza la calidad estética y la profundidad temática. No se va por el facilismo y la venta por la venta. Perfila un tipo de lector inteligente, crítico, avisado.



Eléctrico Ardor es, en la calle Pelayo número 62, una especie de oasis bibliográfico. Su directora Alicia convocó a lectores, colaboradores y socios el pasado viernes 11 de diciembre a un brindis por la buena lectura y con el buen vino de Bodega “Vihucas” y “Viñedos y Bodegas Muñoz”, como parte de su ciclo “La letra con vino entra”.

Entre tragos y conversación calurosa, como especie de rapsodas modernos, los recitadores, en estado de “enthusiasmós”, leyeron poemas, puentes de palabras ebrias que unían, otra vez, a Buenos Aires y a París. Los versos de Baudelaire sobre la embriaguez son legítimos continuadores de la tradición simposíaca antigua, desde una perspectiva moderna. Las líneas de Evaristo Carriego surcaban con desenfado el aire, perfilando escenas de bares, de enormes borracheras, de mujeres hermosas entre perdidos por el alcohol. La numerosa cantidad de participantes también fue parte de la cadena imantada que refiere Platón en “Ión o de la poesía”, detenían el comentario para escuchar las fervorosas palabras, los versos reverberantes. Buenos recitadores de versos ajenos los de la noche, buenos lectores, que es un arte merecedor de reconocimiento, así los poemas fueron banqueteando por las esquinas y los limitados espacios.

Tal vez alguno se fue de trago con el vino que invitaba, por su calidad, a perder la compostura, por la insistencia anacreóntica de Baudelaire a beber hasta el cansancio. Pero Alicia, satisfecha y sorprendida por la alta asistencia a su llamado para celebrar en modesto simposio, sobria como el Sócrates que se levanta al final de “El banquete” de Platón, debió apagar las luces, convencida, esperanzada, deseosa de convocarnos, con eléctrico ardor, a una próxima velada.

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