martes, 3 de noviembre de 2009

Nombrar las cosas


Voy a nombrar las cosas, los sonoros
altos que ven el festejar del viento,
los portales profundos, las mamparas
cerradas a la sombra y al silencio.

Y el interior sagrado, la penumbra
que surcan los oficios polvorientos,
la madera del hombre, la nocturna
madera de mi cuerpo cuando duermo.

Y la pobreza del lugar, y el polvo
en que testaron las huellas de mi padre,
sitios de piedra decidida y limpia,
despojados de sombra, siempre iguales.

Sin olvidar la compasión del fuego
en la intemperie del solar distante
ni el sacramento gozoso de la lluvia
en el humilde cáliz de mi parque.

Ni tu estupendo muro, mediodía,
terso y añil e interminable.

Con la mirada inmóvil del verano
mi cariño sabrá de las veredas
por donde huyen los ávidos domingos
y regresan, ya lunes, cabizbajos.

Y nombraré las cosas tan despacio
que cuando pierda el paraíso de mi calle
y mis olvidos me la devuelvan sueño,
pueda llamarlas de pronto con el alba.
Eliseo Diego

2 comentarios:

  1. y digame mi poeta, como nombraria Ud aquello que en mi ha dejado ya de ser pero que irremediablemente nunca dejara se serlo...

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  2. La poesía que te corresponde es acaso la más pura, la de la memoria, la no escrita aún, porque son memoria ya aquellos años en que andábamos por los pasillos de la Vocacional, en que el verso era inédito, o sea íntimo e inocente. Te ofrezco la pérdida de esos días como herencia, como muestra de mi afecto. La pérdida y la añoranza, no el olvido.

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