domingo, 15 de noviembre de 2009

Conversemos, en close up, si hay algo por decir

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Close up, dirigido por Damián Sainz y Roger Gutiérrez, y Conversemos, de Christian E. Torres y Hansel Leyva, son dos de los documentales más recientes presentados en la VIII Muestra de Jóvenes Realizadores en 2009 en Ciudad de La Habana. Pasados de un ordenador a otro, copiándolos de un amigo que a su vez lo recibió de un conocido, el público cubano los debate y los comenta. El primero pretende mostrar la variedad de intereses y tipos sociales que existe entre algunos jóvenes, a partir de uno de los lugares más céntricos en los que se dan cita durante la noche: la Avenida de los Presidentes o calle G, en el centro del Vedado habanero. El segundo enfoca una de estas tendencias: los jóvenes conocidos como “emos”.

Dentro de los espacios alternativos a los que la juventud acude en la isla, los parques tienen en la actualidad una gran importancia. Ya no son solo lugares donde “matar” el aburrimiento de provincia, sino que se han convertido en un espacio alternativo de socialización incluso en las zonas más céntricas de la capital, a falta de otras opciones. Un buen grupo de los más jóvenes, de los adolescentes, acude muchas noches de la semana al conocido paseo “a quemar un poco”, porque no hay dónde ir, “porque no hay más na”. Y hacia allá también fueron los equipos de realización de las dos obras sobre las que quisiera detenerme a reflexionar.

Close up persigue realismo y naturalidad, y esto lo logra muy bien; a ello tributa la grabación con sonido ambiental in situ, como si camináramos junto al ojo de la cámara y entre la gente. Los mismos directores salen a medio perfil, junto a los entrevistados, en franco diálogo. Los realizadores gustan, además, de las tomas aéreas que ofrezcan una vista panorámica de la multitud dispersa y amorfa, en movimiento por el paseo.

Al inicio se nos ofrece una de las secuencias más interesantes de este documental. Luego de que los jóvenes bajan del autobús llega una muchacha vestida con colores claros, apurada para no perder el ómnibus, y a quien no podemos verle el rostro porque las imágenes están tomadas de la cintura hacia abajo. Cuando esta sube y sale el vehículo, se hace visible otra figura que desciende por la calle con jean y blusa negra, hacia lo desconocido y lo sombrío, buscando el rostro que los realizadores tratarán también de desvelar. Esa escisión que se crea entre ambos personajes encarna el contraste de estéticas y pensamientos, así como las tensiones que aflorarán a lo largo del documental entre gran parte de la sociedad y estos grupos.

En Close up se juega con la imagen de las esculturas de los presidentes, colocadas a lo largo de la avenida homónima, las cuales dialogan o contrastan con lo que sucede allí. Por ejemplo, en el instante en que uno de los entrevistados habla de su señor Lucifer, la cámara enfoca el machete de la escultura del presidente ecuatoriano Eloy Alfaro; la daga es, etimológicamente, luciférica, portadora de mucha luz, de ahí que se hagan contraposiciones de planos, y se provoquen algunas tensiones y analogías de interés.

Cerca de esos lugares de culto a grandes personalidades de la historia, los jóvenes exigen, buscan y materializan el espacio para el diálogo y el intercambio mutuo, amén de las diferencias que pueden existir entre algunos y de la intolerancia entre unos y otros, que atenta contra la convivencia pacífica y la aceptación de distintos modos de proyecciones y de estilos. Patinadores, emos, rockeros, raperos, amantes de la Capoeira, iniciados en las más variadas sectas (vampírica, licantrópica, satánica…) se dan cita en este lugar, desde 23 y G hasta Malecón.

Falta, en Close up, una inteligente selección de los entrevistados: pocos de ellos tienen algo significativo que decir. No sucede exactamente así en Conversemos, que se dedica en exclusiva a los emos, y a lo que los demás grupos sociales que conviven en las noches habaneras de G opinan sobre ellos. Esto le confiere al documental un grado mayor de precisión, además de que, en sentido general, los entrevistados aportan una pluralidad de opiniones y poseen mayor riqueza y coherencia en las ideas y en la comunicación verbal. De modo que cuando aparece alguien que usa mal el lenguaje, que acude constantemente a tautologías e incongruencias, al ser comparado con los que hablan de un modo más orgánico (el graduado de Derecho que cursó estudios de Medicina Legal, por ejemplo) queda muy mal parado y en completo ridículo. De ahí que Conversemos no pretenda seguir una línea explicativa y definidora del asunto, sino ofrecer distintas aristas y posibilidades de interpretación ante un fenómeno que en nuestro entorno social ha tenido un auge muy reciente, por lo que es difícil llegar a conclusiones con demasiada rapidez. Alarma, eso sí, en ambos documentales, la precariedad léxica, la pobreza de lenguaje y de ideas que caracteriza a la mayoría de los jóvenes interpelados. A ello súmense los errores ortográficos que aparecen en los créditos de Conversemos: “agradecimientos” y “vecinos” escritos con “s”.

A pesar del grado de desconocimiento, esnobismo e inmadurez que les toca, no debe pasarse por alto que los emos en Cuba evidencian un desentendimiento de las más jóvenes generaciones con respecto a su realidad más inmediata. Este, aunque superficial y demasiado apegado a una moda muchas veces epidérmica y estereotipada, es uno de los modos que los adolescentes encuentran para enfrentar sus problemas durante esa etapa de la vida, para encontrar en el sufrimiento y en las depresiones una praxis estilística e ideoestética, para desentenderse y evadirse de su entorno social. Estetizar el dolor parece, a ratos, el propósito de estos muchachos.

Por otra parte, se manifiesta en ambos materiales una tendencia y una búsqueda de un ideal, de un paradigma que para algunos es Lucifer; para otros, el sacerdote que los inició en los cultos vampíricos; para alguien, un famoso patinador. Todos persiguen, buscan, precisan la encarnación de un ente arquetípico, y esto es algo propio de la adolescencia. Nótese que no pretenden liderazgo, sino tributar a un adalid que les sirva de ejemplo a seguir, y que casi siempre está relacionado con los cultos oscurantistas y satánicos. La tendencia a lo demoníaco pudiera explicarse por el carácter irreverente y trasgresor que estos jóvenes enarbolan, aunque se torna un poco preocupante cuando aparecen niños de trece a quince años iniciados en determinados ritos de carácter sexual por un líder al que profesan una gran admiración. Lo real-maravilloso, lo mágico-surrealista también forma parte de la noche en la capital.

La línea de criterio legitimada, marcada principalmente por la psicóloga Laura Domínguez, junto a los versados en música Camilo E. Olivera (promotor de música rock) y Juan Camacho (locutor) –presentados todos como especialistas con nombre y título visibles en Conversemos–, se pierde al final del documental, y se añora en uno de los momentos en que tal vez era más necesaria: al evidenciarse en las opiniones recogidas tantos lugares comunes y prejuicios heredados sobre la homosexualidad; prejuicios que estos jóvenes arrastran y repiten, a pesar de ser ellos supuestos trasgresores del comportamiento aceptado por la mayor parte de la sociedad.

Si por un lado los especialistas en música se dedican principalmente a emitir juicios sobre los estilos musicales y las tendencias anteriores y contemporáneas con las que se relaciona el movimiento emo, la psicóloga se pronuncia respecto a los temas sociales y las manifestaciones de determinados comportamientos y conductas propios de la adolescencia en un sentido más general. Esta no se ubica concretamente dentro del movimiento emo, posiblemente porque las preguntas que se le hicieron tenían un carácter generalizador. De este modo habla sobre la tendencia a la moda, al suicidio, a las emociones extremas, a las frustraciones; elementos todos propios de la edad. Sin embargo, cuando se abordan las analogías que establece la sociedad entre el gay y el emo, falta esa voz especializada y orientadora que aclare términos y que se pronuncie contra los tabúes y la estrechez mental.

Ambos documentales tienen el mérito de acercarse a zonas poco exploradas de la realidad social en Cuba, visibilizan determinados tipos que se marginan dentro de los medios audiovisuales, principalmente dentro de la televisión nacional, y, con aciertos y desaciertos, se suman al movimiento cinematográfico que con la Muestra de Jóvenes Realizadores impulsa una oleada de materiales de una importancia y un impacto social que no solo les permitirá servir como crónicas en el mañana de lo que ahora es el presente más inmediato, sino que inquietan a los espectadores de hoy para que, después de los créditos, confirmen cuánta verdad han presenciado o cuán parciales han sido dichas obras.

En sentido general, en Conversemos se hace énfasis en la relación que el fenómeno emo tiene con los dibujos animados mangas y con la música punk, con la ambigüedad sexual, el estilo de David Bowie y otras directrices derivadas; se subraya su metrosexualidad, la tendencia a la autoagresión y a los estados de ánimo extremos, así como el uso de piezas de vestir de color negro, de ornamentos rosados y brillantes y de estilo naif. Las opiniones de los entrevistados se mueven desde una superficialidad basada en cómo debe tener un cuarto el emo, según lo que han leído en internet, hasta pretensiones filosóficas e ideoestéticas más serias y profundas. No hay una cristalización coherente de ideas, de modo que uno pueda decir que existe una poética o un estilo de vida asumido de forma orgánica. Esa filosofía de vida y la pretendida forma de enfrentar los problemas que muchos enuncian al considerarse emos no quedan claras ni manifiestas en las intervenciones. El estudiante de Medicina Legal es el que más se acerca a concretar un pensamiento lógico respecto del grupo al que pertenece. ¿Existe un movimiento emo en Cuba que se proyecte más allá de una imagen copiada y preestablecida y del calco de una moda foránea? La pregunta queda abierta y depende del grado de visibilidad y de coherencia que este alcance con el tiempo. Si hemos sido capaces de leer a los Beatles y al heavy metal desde nuestros cardinales, no hay por qué pensar que sea imposible la asimilación (desde nuestra forma de ser) de otros tipos de música, de modas y de estilos de vida.

Tal vez el mayor reto de este movimiento, que ahora mismo es incipiente en nuestro país, esté en lograr una convergencia orgánica entre el par de tenis Converse y las emociones palpitantes, entre la sangre de la herida y la savia invisible; hacer de la pose no mera copia de una moda específica, sino una encarnación sublime de lo intangible. Para ello tendrán que aprender a conversar, a dialogar, a comunicarse. Únicamente a través de una expresión bien fundamentada podrán hacer visibles esas conexiones subterráneas que pretenden establecer entre el pulóver rosa y la palpitación más profunda; podrán así demostrar que “[l]os trajes no son otra cosa que símbolos de algo escondido muy adentro”.1 Solo entonces la conjugación convers-emos será ciento por ciento eficaz, para que, como proponen algunos interpelados, desaparezca el prejuicio y la ignorancia y se llegue a una madurez, aunque nunca se siente cabeza.

Notas: 1. Virginia Woolf: Orlando, Instituto Cubano del Libro, La Habana, 2000, p. 112.

1 comentario:

  1. Vivo en el extranjero hace 10 años y no he tenido una experiencia muy directa con este nuevo movimiento urbano, llamado "los emos", y que como veo tantas opiniones encontradas esta teniendo en Cuba, pienso ademas que por mi edad(40 años)y por mi propia independencia ante los estereotipos de la moda y de las seudo filosofias de la modernidad, no seria capaz de ser emo, pero...
    Viendo el documental me he quedado angustiado con la postura de los llamados metaleros ante estos jovenes, yo ya era metalero antes de que todos los opinantes hubieran nacido, sere hippie y rockero(de los de verdad) hasta la hora de mi ultimo suspiro, pero me agustia la falta de memoria de los ya mencionados opinantes, ningun grupo urbano en la cuba revolucionaria ha recibido mas criticas y ha sido mas reprimido que los rockeros, fuera de la tendencia que fueran, ¿como es posible que entonces tengan la osadia de cuestionar y criticar a un grupo sea de la opinion, moral, forma de vestir, o tendencia espiritual que sea?.
    Esto demuestra que en la cuba actual, y en la que estara por construir, el respeto al otro esta en pañales, todos hablamos y dilucidamos de como deberia ser una sociedad libre, la sociedad libre comienza en nosotros mismos, en nuestra disposicion de respetar y en el respeto nacera la aceptacion.
    Les recomiendo a los opinantes del metal que recuerden que en nuestras "filas" habian, y no pocos, tambien tantisimos mentecatos que creian que habian descubierto la verdad suprema montandose una historia de rockero, ¿como es posible entonces que nos adjudiquemos el derecho de considerar simples y frivolos a estos jovenes?, ellos estan buscando su lugar, y lo estan buscando precisamente fuera de la UJC, las MTT, el CDR, que tanto daño han causado a la juventud cubana, estan buscando su sitio sea frivolamente o sea concienzudamente, no tenemos derecho a cuestionarlos sea la linea o sitio que persigan, cada cual se monta su historia como quiere.
    Leonardo.

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